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DE LA CEPAL - NUMERO EXTRAORDINARIO CEPAL CINCUENTA AÑOS
REFLEXIONES SOBRE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
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este Número Extraordinario favor contactar publications@eclac.cl
haciendo referencia al código (LC/G.2037-P), Octubre 1998
La CEPAL y el sistema interamericano
Vivianne Ventura-Dias, Jefe de la Unidad de Comercio Internacional, División
de Comercio Internacional, Transporte y Financiamiento, CEPAL
I. Introducción
El papel de la CEPAL en la creación y difusión del pensamiento económico
latinoamericano está muy bien documentado, cualquiera sea el sentimiento de admiración o
de aguda crítica que inspiren sus principales proposiciones. Mucho menos se ha escrito,
en cambio, respecto de la comisión económica regional como organismo internacional,
cuerpo subsidiario del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas y ente que forma
parte de una organización universal.1/
Este hecho es lamentable, porque la CEPAL es única en la historia de las instituciones
internacionales en haber inaugurado una nueva modalidad de cooperación
intergubernamental. Su creación marcó el comienzo de un movimiento de cooperación y
conflicto entre los países en desarrollo y las economías industriales que llegó a su
clímax en diciembre de 1974, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la
Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.
Creo que la CEPAL ha influido mucho en la construcción de América Latina como un
conjunto significativo de países relacionados no sólo por un legado histórico y
cultural común, sino también por problemas comunes de tipo estructural. La CEPAL fue el
primer organismo que centró su preocupación en América Latina, fuera del sistema
interamericano. Además, fue la primera organización internacional en dirigir la
cooperación internacional a la promoción del desarrollo económico y social que, por un
breve período, se concibió como un problema de acción colectiva.
Se habían establecido organizaciones en diversas áreas en América Latina antes de 1948,
pero formaban parte del sistema interamericano o panamericano.2/ La CEPAL fue creada como organismo regional
de las Naciones Unidas, aunque en su trayectoria ha estado ligada íntimamente a la
evolución de las instituciones interamericanas. Debe recordarse que tanto la CEPAL como
la Organización de los Estados Americanos (OEA) están celebrando este mismo año su
quincuagésimo aniversario. La Carta de la OEA fue aprobada en julio de 1948 por los
mismos países que apenas tres meses antes habían logrado hacer aprobar la resolución
106(VI) que establecía la Comisión Económica para América Latina.
Desde su concepción, la CEPAL tuvo esta doble actuación: ser un órgano económico
regional de las Naciones Unidas y relacionarse estructuralmente con el sistema
interamericano a través de los gobiernos que sirve. De esta forma, la evolución del
sistema interamericano y la disponibilidad de otros instrumentos de cooperación
interamericana en el campo del desarrollo económico han influido en la eficacia de la
Comisión. Es evidente que el sistema de premios y castigos que la CEPAL puede ofrecer a
los países miembros como organización internacional se ve afectado por los sistemas
competidores de los organismos interamericanos.
La Comisión actúa bajo la fiscalización del Consejo Económico y Social, órgano al que
presenta un informe anual sobre su labor. La preocupación central de su Secretaría son
los intereses de la población de los Estados-naciones representados en la Comisión. Los
participantes reales con que interactúa la Secretaría son, sin embargo, las autoridades
responsables de la política pública y los diplomáticos, agentes que pueden no
necesariamente compartir los objetivos de sus mandantes. Al margen de la independencia o
creatividad de la Secretaría de la Comisión, en último término, la naturaleza de su
labor se define y evalúa a nivel de los agentes, los representantes del pueblo
latinoamericano.
A pesar de la fuerza de sus modelos y recomendaciones de política, la CEPAL nunca ha
tenido el respaldo pleno de los gobiernos de América Latina, a juzgar por el cumplimiento
de las resoluciones adoptadas. En mi opinión, la evolución de la CEPAL como
organización regional, muestra la ambivalencia de los gobiernos latinoamericanos hacia la
región y su renuencia a reconocer instituciones eficaces para coordinar sus acciones
individuales. Los gobiernos de América Latina han creado en el pasado diversas
instituciones para coordinar sus políticas y posiciones a fin de negociar con los Estados
Unidos (y otros países industrializados), así como para defender sus intereses comunes.
En la mayoría de estas organizaciones los gobiernos de la región se han mostrado
abiertamente partidarios de las reuniones intergubernamentales informales y directas al
más alto nivel, sin delegar poder en secretarías permanentes, La misma tendencia se
observa en el proceso de formación de la zona de libre comercio del hemisferio occidental
que se está gestando.
Estos problemas se están examinando como parte de una investigación más amplia y su
tratamiento sistemático excede el ámbito de este trabajo. El propósito de este
artículo es más modesto. Deseo plantear algunos problemas relacionados con la
cooperación interlatinoamericana en el contexto de las relaciones interamericanas,
utilizando como enfoque la acción colectiva. Creo que puede analizarse la creación de la
CEPAL como una instancia de acción colectiva, sin perjuicio de que los gobiernos no
adoptaran posteriormente las recomendaciones de política de su Secretaría. También
quiero describir el ambiente de relaciones interamericanas en el período que precedió al
establecimiento de la CEPAL. Opino que la ambigüedad de los gobiernos latinoamericanos
hacia la región y hacia los Estados Unidos ha tenido consecuencias sobre la eficacia de
la labor de la CEPAL. La sección siguiente presentará algunos conceptos y problemas
extraídos de la literatura sobre acción colectiva. La tercera sección enmarca la
creación de la CEPAL en un trasfondo que incluye la política de Estados Unidos hacia
América Latina como se refleja en las relaciones interamericanas.
II. La acción colectiva latinoamericana
En el pasado, los países latinoamericanos no fueron capaces de coordinar sus acciones
para mejorar su poder de negociación individual en relación con los Estados Unidos ni de
crear instituciones eficaces para defender sus intereses en negociaciones con sus
contrapartes poderosas. De hecho, los gobiernos de América Latina crearon diversas
instituciones que tenían por objetivo servir de foros técnicos y de negociación. Pero a
ninguna institución formal se le encargó diseñar las reglas, normas y procedimientos
para conducir las negociaciones, como grupo, frente a los Estados Unidos y otros países
industrializados. En otras palabras, los países de América Latina han preferido no
plantear frente a Estados Unidos sus problemas de acceso a los mercados, negociación de
precios o seguridad regional como un problema de acción colectiva de la región
latinoamericana. En cambio, los Estados de América Latina aceptaron y defendieron el
sistema interamericano como el marco institucional para negociar con su socio
hemisférico.
El estudio de las condiciones bajo las cuales dos o más individuos aceptan que se coarte
su libertad en su toma de decisiones para coordinar su acción en la consecución de
objetivos comunes ha merecido considerable atención de gran número de científicos
sociales de variadas posiciones. Han tomado en préstamo categorías y conceptos de la
teoría de los juegos, la teoría de la opción racional y de las teorías de
organizaciones e instituciones, para investigar los éxitos y fracasos de los problemas de
cooperación. En el ámbito de las relaciones internacionales, especialistas en ciencias
políticas y en economía política han estado estudiando las fuentes sistémicas de la
cooperación entre las naciones y las restricciones que las afectan (Milner, 1992). Esta
literatura se concentra en el análisis de casos de acción colectiva entre Estados,
principalmente países industrializados, en el contexto de la interdependencia económica
y política.3/
Como lo señalan varios autores, hay poca investigación teórica acerca de las
condiciones que promueven la cooperación.4/ Lo poco que sabemos es que la
interacción entre los participantes debe durar por algún tiempo; cuando hay suficientes
posibilidades de una interacción de largo plazo, la cooperación basada en la
reciprocidad, aun entre egoístas, puede evolucionar y autosustentarse.5/ Aunque las soluciones
cooperativas pueden ser altamente beneficiosas, puede haber soluciones individuales que
rindan mejores frutos en el corto plazo. El dilema de los prisioneros, que se convirtió
en la metáfora clave de la cooperación internacional, ilustra las dificultades con que
tropieza una solución cooperativa aunque ofrezca mayores beneficios en el largo plazo
(Milner, 1992, p. 467).6/ Por lo
tanto, aun cuando los beneficios totales de la acción colectiva excedan con largueza los
costos de esa acción, no hay razón para esperar que esa acción colectiva voluntaria se
lleve a cabo. A modo ilustrativo, hay grandes beneficios para los países de América
Latina si cooperan y negocian conjuntamente el acceso de sus productos al mercado
estadounidense (Olson y Mancur, 1992). Aun así, cada país se beneficiaría más si uno
solo pudiera tener el acceso privilegiado a ese mercado.
La literatura sobre cooperación entre seres humanos básicamente egoístas o entidades
decisoras organizadas (países, gobiernos y naciones) es específica para cada situación.
En ella se señala que la cooperación entre Estados independientes es posible cuando
existen intereses compartidos. Además, se puede lograr cooperación directa entre los
Estados: i) a través de intercambios voluntarios 7/
ii) con la mediación de normas mutuamente acordadas (normas de protección de la
propiedad); iii) con incentivos económicos selectivos positivos o negativos, y iv)
mediante su imposición forzosa. Sin embargo, no existe una teoría de la cooperación. No
se excluyen de esta literatura consideraciones sobre el poder pero la definición de
cooperación que se utiliza implica beneficios y compensaciones para todos los
participantes.8/ Aunque la
distribución de los beneficios no sea necesariamente equitativa, éstos son, sin embargo,
recíprocos. Por lo tanto, aun si la cooperación es impuesta, ella sólo puede existir si
la parte más poderosa también ajusta sus políticas propias en la expectativa de
beneficios específicos (Milner, 1992, p. 469).
El supuesto de beneficios mutuos y ajustes de política equilibrados es acertado para los
estudios de países de industrialización avanzada porque en este conjunto de países la
distribución de las capacidades está relativamente equilibrada. Sin embargo, en el
contexto de las relaciones interamericanas el control desproporcionado de los recursos
económicos y tecnológicos por parte de Estados Unidos le da una considerable ventaja a
ese país para negociar con los países de América Latina. Tradicionalmente, el
desequilibrio de poder se ha expresado en la capacidad de definir el programa de
negociaciones en torno a los temas que interesan a Estados Unidos. Por otra parte, la
bibliografía de los años setenta que ponía el énfasis en el ejercicio del poder de
Estados Unidos en los asuntos latinoamericanos no logró identificar los grados de
libertad que existían para la acción. Hay pocos estudios sobre países específicos de
América Latina que describan el proceso interno que conduce a las reacciones de los
gobiernos y el sector privado ante el uso eficaz del poder de Estados Unidos. A la
inversa, hay una parte importante de los estudios sobre economía política que trata de
analizar los factores determinantes internos de las preferencias de política en los
Estados Unidos.9/
La creación de la Comisión Económica para América Latina y el trabajo desarrollado por
su Secretaría durante gran parte de sus años iniciales representó un intento de los
gobiernos latinoamericanos por ver los problemas económicos de la región como un
conjunto que merecía un tratamiento concertado. Esta visión ya estaba presente en el
proceso que con el tiempo derivó en el establecimiento de la CEPAL. El trabajo
presentado por los representantes latinoamericanos al Consejo Económico y Social
subrayaba los puntos en común de los problemas de América Latina y la necesidad de una
política amplia y coordinada de desarrollo económico y social (Santa Cruz, 1995). Los
gobiernos latinoamericanos, sin embargo, no se sintieron comprometidos con la mayor parte
de las proposiciones y recomendaciones de política formuladas por la Secretaría.
Históricamente, el apoyo latinoamericano al proyecto de resolución chileno para la
creación de la CEPAL denotaba una actitud de independencia del grupo de países
latinoamericanos frente a los Estados Unidos y el sistema interamericano, que puede
comprenderse mejor a la luz de los acontecimientos que lo precedieron
III . El trasfondo histórico: el sistema interamericano y las Naciones
Unidas
Don Hernán Santa Cruz describió con gracia y emoción el impulso inspirado que lo
llevó a incluir en el programa del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas
(ECOSOC) el establecimiento de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Mencionó
que en 1947: i) el Consejo Económico y Social estaba plenamente comprometido con las
tareas de reconstrucción y rehabilitación de los países devastados por la guerra; ii)
esas actividades eran concebidas como de naturaleza transitoria; y iii) que América
Latina se consideraba una región afortunada que había evitado los horrores de la guerra
y como tal no merecía atención especial (Santa Cruz, 1995).
Al mismo tiempo, Santa Cruz subrayó que los latinoamericanos estaban conscientes de que
sus economías habían pagado un alto precio por el esfuerzo de la guerra: habían tenido
la responsabilidad de abastecer de materias primas estratégicas a un comprador único,
los Estados Unidos, que no había sido capaz de suministrarles los bienes manufacturados
que necesitaban. Los programas de compras de los Estados Unidos habían aumentado la ya
fuerte dependencia de los países latinoamericanos de la producción de unas pocas
materias primas esenciales. Las reservas de dólares que habían acumulado se acotaron
rápidamente después de que se alzaron los controles de tiempo de guerra. Los países de
América Latina temían (lo que posteriormente demostró ser una realidad) que el
levantamiento de los controles de precios de tiempo de guerra en los Estados Unidos
implicaría que sus materias primas se habrían vendido en un mercado controlado a un
comprador único mientras que los productos manufacturados tendrían que comprarse en un
mercado libre de la posguerra, Esas preocupaciones se plantearon en el contexto de
consultas interamericanas, mientras las naciones se preparaban para el período de
reconstrucción de posguerra.
En muchas formas, la iniciativa del Embajador chileno expresaba en términos diplomáticos
el malestar colectivo de los gobiernos latinoamericanos por el tratamiento que habían
recibido tan pronto como comenzó a disiparse la amenaza a la seguridad del hemisferio
occidental. Marcó también un mayor compromiso de los latinoamericanos en la evolución
de la cooperación internacional para el desarrollo.
La historia del interamericanismo refleja la abrumadora asimetría del poder entre los
Estados Unidos y los países latinoamericanos. Estados Unidos ha utilizado instrumentos
militares, políticos y económicos para establecer su hegemonía en el hemisferio
occidental y para imponer la cooperación de los países de América Latina, especialmente
de sus vecinos más cercanos (México, América Central y los países del Caribe hispano).
Hay pruebas de que, desde el principio, el interamericanismo fue una proyección de las
políticas internas de Estados Unidos al hemisferio (Whitaker, 1954). El principal
objetivo de la política de los Estados Unidos hacia América Latina era asegurar al
hemisferio contra influencias externas, en tanto que el eje central de la política
hemisférica latinoamericana ha sido refrenar a su poderoso socio.
El debate sobre la creación de la CEPAL en las Naciones Unidas, en 1947, tiene como fondo
el clima de amarga decepción que caracterizó las relaciones entre los gobiernos de
América Latina y los Estados Unidos en la época de posguerra (Inman, 1945; Inman, 1965).10/ Después de cinco años de consultas
permanentes (1939 a 1944) entre altos funcionarios de América Latina y los Estados
Unidos, a petición de este último país, los latinoamericanos sentían malestar al verse
relegados a la calidad de aliados olvidados de segunda clase. En la Conferencia
Interamericana de Río de Janeiro (15 de agosto al 2 de septiembre de 1947), la primera
reunión después de la guerra, muchos diplomáticos latinoamericanos objetaban la
reducción del sistema panamericano a un sistema de colaboración militar sin una
compensación adecuada. Algunos delegados pidieron un Plan Marshall para América Latina.
Es revelador que el Presidente Truman reaccionara, en Washington, a esas peticiones
exclamando que América Latina ya había tenido un verdadero Plan Marshall por más de un
siglo denominado la Doctrina Monroe. 11/
La Doctrina Monroe fue la base de la política exterior estadounidense hacia América
Latina desde el famoso Mensaje del Presidente Monroe de 1823 y hasta mediados del decenio
de 1930, cuando Estados Unidos acordó una prohibición absoluta de toda intervención
unilateral en América Latina como parte de la política del Buen Vecino del Presidente
Franklin D. Roosevelt.12/ Para la mayoría
de los latinoamericanos, la Doctrina Monroe, tal como la instrumento la Administración de
Theodore Roosevelt, era una especie de poder policial internacional ejercido por los
Estados Unidos. Una simple declaración se convirtió en una política definida
unilateralmente para la región latinoamericana.13/
Hay consenso entre los historiadores de que la historia de las relaciones interamericanas
no se puede separar de la historia de la Doctrina Monroe. Más aún, muchos autores creen
que el sistema Interamericano era sólo un marco para llegar a acuerdos bilaterales
(principalmente entre Estados Unidos y los países latinoamericanos en forma individual),
especialmente en materia de defensa (Connell-Smith, 1966). Nunca llegó a tener las
características de un sistema multilateral.
Hasta poco antes de la primera guerra mundial, el movimiento panamericano no había
avanzado gran cosa, Se habían celebrado cuatro conferencias internacionales y en ellas se
habían aprobado muchas resoluciones y recomendaciones. La nueva organización que nació
a partir de la guerra mundial, la Sociedad de las Naciones, abrió tantas esperanzas entre
los latinoamericanos de obtener protección contra Estados Unidos como hostilidad en ese
país.14/ La inclusión del Artículo 21 en
el Pacto de la Sociedad no fue suficiente para aplacar al Congreso de los Estados Unidos
que quería que la Sociedad reconociera el liderazgo de esa nación en el hemisferio
occidental.15/
Todos los países latinoamericanos se hicieron miembros de la Sociedad de las Naciones;
Estados Unidos no lo hizo.16/ La adhesión
latinoamericana a la Sociedad contribuyó a aumentar el cuestionamiento de un sistema
interamericano exclusivo basado en la Doctrina Monroe, pero que no evitaba que las
potencias europeas aceptaran esa doctrina. El frustrante desempeño de la organización
internacional, junto con problemas de financiamiento, provocaron el retiro de numerosos
Estados latinoamericanos. Más aún, una de las principales consecuencias de la
primera guerra mundial y de la depresión en Europa que le siguió fue la ascendencia
económica total de Estados Unidos sobre América Latina.17/
En vísperas de la segunda guerra mundial, como la situación en el mundo se deterioraba,
Estados Unidos buscó el apoyo positivo de sus vecinos para enfrentar la amenaza de su
seguridad. La política del Buen Vecino mejoró considerablemente las relaciones
interamericanas al establecer dos principios fundamentales y relacionados: el de la no
intervención y el de la consulta. Desde 1939 a 1942, los Ministros de Relaciones
Exteriores de Estados Unidos y de los países latinoamericanos habrían de estar en
consulta permanente acerca de materias como la neutralidad, la protección de la paz en el
hemisferio occidental y la cooperación económica. 18/ Desde el
estallido de la guerra en Europa, Estados Unidos había mostrado una preocupación
creciente por los problemas de defensa del hemisferio. En contraste, los gobiernos de
América Latina estaban cada vez más interesados en expandir el ámbito de la
cooperación económica interamericana y en establecer conexiones entre el desarrollo
económico y la seguridad.
En la tercera Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de las
Repúblicas de América (Río de Janeiro, 15 a 28 de enero de 1942) se aprobó una
importante resolución (XXV) acerca de los problemas de posguerra. De especial relevancia
fue la decisión de convocar a una conferencia interamericana técnica económica,
encargada de estudiar los problemas económicos presentes y de la posguerra. Los países
latinoamericanos estaban preocupados por su gran dependencia de unas pocas materias primas
cuya demanda inevitablemente decaería cuando terminara la guerra, por la acumulación de
reservas cuantiosas en dólares, dada la incapacidad de los Estados Unidos de abastecer
los productos manufacturados que requerían sus economías, y por las bases militares
construidas en los años de la guerra (Connel-Smith, 1966, pp.128-129).
La reunión de Río estableció la cooperación entre el Comité Asesor Económico y
Financiero Interamericano y comisiones nacionales de cada país para promover la
"movilización económica" de los recursos de las Américas a fin de asegurar un
abastecimiento cada vez mayor de materias primas estratégicas. Hubo varias conferencias
especializadas en tiempos de guerra, pero no se realizó la Conferencia Interamericana
Técnico-Económica. Sólo en la Conferencia de la Ciudad de México de febrero de 1945 se
convocó a esta conferencia para el 15 de junio de 1945, en Washington, pero la fecha fue
postergada varias veces.
A medida que la amenaza a la seguridad del hemisferio occidental cedía, América Latina
comenzaba a perder su condición de aliado especial. Estados Unidos no consultó con los
gobiernos de América Latina el proyecto de la Carta de las Naciones Unidas.19/ Los detalles de la Carta acordada
por los aliados los redactaron diplomáticos profesionales en una conferencia en Dumbarton
Oaks, entre agosto y septiembre de 1944, a la que no se invitó a los latinoamericanos.
Cuando se dieron a conocer las propuestas de la conferencia, los diplomáticos de América
Latina no quedaron conformes con el estatuto de los organismos regionales en el proyecto
los que, no obstante ser reconocidos y hasta alentados, estaban sujetos a importantes
restricciones por el Consejo de Seguridad, sin cuya autorización no podían ejercer
acciones obligatorias (Connel-Smith, 1966, p. 129; Huston, 1956, pp. 9-67). Curiosamente,
al revés de lo que sucedía en los tiempos de la Sociedad de las Naciones, cuando los
latinoamericanos buscaban en el organismo internacional protección contra el dominio
estadounidense, sus preocupaciones eran ahora las contrarias. La diplomacia
latinoamericana trataba de proteger su sistema regional -el sistema interamericano- de la
intervención de la organización mundial. Al parecer, los latinoamericanos confiaban más
en el sistema interamericano que, en la nueva organización mundial como instrumento para
frenar a los Estados Unidos en el ejercicio de su poder.20/
Sólo en diciembre de 1944 Estados Unidos accedió a celebrar una conferencia
interamericana para febrero del año siguiente en la Ciudad de México para discutir el
proyecto de Dumbarton Oaks. La preocupación primordial de los representantes
latinoamericanos fue reducir el papel dominante de las grandes potencias en la
organización mundial. Aunque la conferencia de Ciudad de México respaldó en términos
generales las propuestas de Dumbarton Oaks, hubo consenso en que América Latina tenía
que contar con una representación adecuada en el Consejo de Seguridad y en la
conveniencia de que los problemas y controversias de carácter Interamericano se
resolvieran preferentemente de acuerdo con i-nétodos y procedimientos interamericanos, en
armonía con los de la Organización Internacional general (Connel-Smith, 1966, p. 132).
La Conferencia de Ciudad de México aprobó también la resolución VIII, que se conoce
como el Acta de Chapultepec, que contenía importantes innovaciones en el ámbito de la
paz y la seguridad interamericanas. Consideraba que la seguridad y la solidaridad en el
continente se verían afectadas igualmente por un acto de agresión de un Estado no
americano contra uno o más Estados americanos que por un acto de agresión de un Estado
americano (Connel-Smith, 1966, p. 133). Más aún, la resolución IX del Acta Final de
Ciudad de México preveía cambios radicales en el sistema interamericano, que, no
obstante, demorarían en ser cumplidos.
El tercer tema del programa de la Conferencia de Ciudad de México se refería a los
problemas económicos y sociales de las Américas y, específicamente, a los problemas de
las condiciones del comercio durante la transición de la guerra a la época de paz. Para
gran desencanto de los delegados de América Latina, los representantes del Gobierno de
los Estados Unidos sólo ofrecieron una fórmula general para expandir las economías de
América Latina, que se basaba en la rebaja de aranceles estadounidenses, el fomento al
capital privado y la prohibición de las empresas estatales. En último término, la Carta
Económica de las Américas ponía énfasis en el carácter esencialmente bilateral de las
relaciones económicas interamericanas y no contribuía en nada a la solución de los
problemas económicos de América Latina. El único resultado concreto fue el
establecimiento del Consejo Interamericano Económico y Social.
Los 20 países latinoamericanos constituían dos quintos del total de los miembros
originales de las Naciones Unidas. Sus representantes en la Conferencia de San Francisco
se opusieron a conferir un mayor poder de veto en el Consejo de Seguridad y exigieron. en
cambio, el reconocimiento en la Carta de las Naciones Unidas de la igualdad jurídica de
los Estados, que era uno de los principios básicos del sistema interamericano. La
posición de América Latina fue derrotada en este tema, como lo fueron las propuestas de
ampliar la autoridad de la Asamblea General y de tener un asiento permanente en el Consejo
de Seguridad (América Latina tuvo que conformarse con dos asientos no permanentes)
(Connel-Smith, 1966, p. 139).
Los países latinoamericanos tuvieron a su haber la principal modificación hecha en San
Francisco: el Artículo 51 de la Carta. En realidad, fue el representante de los Estados
Unidos, con el apoyo de América Latina, quien hizo la proposición que luego sería el
Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. 21/ " El Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca se transformó en el primer pacto de defensa que
tuvo como base jurídica este Artículo (Connel-Smith, 1966, p. 140). Los
diplomáticos latinoamericanos fueron también decisivos en hacer del Consejo Económico y
Social un órgano principal esencial de las Naciones Unidas y en dotarlo de un mandato
amplio para la acción. En muchas formas, el Capítulo X de la Carta de las Naciones
Unidas sobre composición, funciones y poderes del Consejo Económico y Social fue la base
para el establecimiento de organismos regionales como la CEPAL.
Las relaciones interamericanas se deterioraron a medida que se acercaba el final de la
guerra y se acentuaba el desequilibrio de poder en el hemisferio. Después de terminada la
segunda guerra mundial, Estados Unidos concentró sus intereses en Europa y Asia, mientras
que a los países de América Latina les interesaban más sus propios graves problemas
económicos Para cuya solución seguían recibiendo sólo recomendaciones generales sobre
incentivos de mercado correctos, el liderazgo de la empresa privada y la inversión
extranjera, etc.
La creciente insatisfacción de los gobiernos de América Latina con la política de los
Estados Unidos hacia los problemas económicos de la región era el telón de fondo para
su apoyo a la creación de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones
Unidas (CEPAL), que nació a la vida en febrero de 1948. La creación de la CEPAL
contribuyó, por otro lado, a dar un contenido más amplio a la naturaleza de la
cooperación internacional. Debe recordarse que la cooperación internacional deliberada,
como forma normal de que los Estados conduzcan sus relaciones internacionales, surgió
como producto de la violencia y la guerra. La Sociedad de las Naciones fue producto de la
gran guerra de la misma forma que las Naciones Unidas tienen su origen en la segunda
guerra mundial.22/ La Sociedad fue
el primer intento de adoptar medidas de seguridad colectiva y de prevención de la guerra.
Demoró mucho más, en cambio, que los países aceptaran compromisos mayores en materias
económicas.
En el Pacto de la Sociedad de las Naciones hay una breve y bien calificada referencia a
las obligaciones económicas en el Artículo 23 (la preservación de un trato igualitario
del comercio de todos los Miembros de la Sociedad).23/ Los autores del proyecto de la Carta
de las Naciones Unidas estaban convencidos de que este organismo iba a constituir un
sistema de seguridad colectiva pero que debía tener también un papel mucho más
importante en materias económicas y sociales. La promoción del desarrollo económico y
social se incluyó entre los objetivos de la organización internacional en el preámbulo
("a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social
de todos los pueblos"). También, el Artículo 1, párrafo 3, establece claramente;
"[Los propósitos de las Naciones Unidas son:3] Realizar la cooperación
internacional en la solución de los problemas internacionales de carácter económico,
social, cultural o humanitario..."24/
En particular, gracias a los esfuerzos de los 20 países miembros de América Latina, el
área de cooperación internacional económica y social mereció un capítulo especial
(IX) en el que se diseñó un mecanismo de acción práctica, el Consejo Económico y
Social.25/ Mediante la creación
del Consejo y, posteriormente, de la CEPAL, los gobiernos latinoamericanos le dieron
contenido a las obligaciones morales que contenía la Carta de las Naciones Unidas.
(Traducción del inglés)
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Notas:
1/ Valiosas excepciones son Fontaine (1968); Edwards
(1974) y Gregg (1966).
2/ En 1944, un estudio del Comité Ejecutivo sobre
Problemas de la Posguerra enumeró diez organizaciones panamericanas permanentes en el
campo económico; dos en el área de la cooperación intelectual; cinco en salud pública
y bienestar social; y cuatro en transporte y comunicaciones (Fontaine, 1968, p. 37).
3/ Keohane (1984) señalaba que se había concentrado en
las relaciones entre los países de economía de mercado avanzada debido a que tenían
mayores intereses comunes.
4/ "Por su propia naturaleza, los
modelos de juegos no abordan el tema de las motivaciones iniciales de los participantes
"(Milner, 1992, p.489)
5/ Si la probabilidad de cooperación o
defección es también función e la historia de la interacción, la historia de los
intentos fallidos de cooperación latinoamericana no garantizaría una alta probabilidad
de cooperación futura (Axelrod, 1997).
6/ El dilema de los prisioneros "capta
la tensión entre las ventajas del egoísmo en el corto plazo, y la necesidad de obtener
la cooperación de los demás participantes para tener éxito en un plazo más largo"
(Axelrod, 1997, p. 6).
7/ La cooperación a través de intercambios
voluntarios constituye ,"armonía", según la definición de Keohane (1984).
8/ La cooperación requiere que las acciones de
cada una de las personas u organizaciones -que no están armonizadas previamente se
sometan a la conformidad de cada parte mediante un proceso de coordinación de políticas.
Esto significa que cuando hay cooperación, cada parte cambia parcialmente su
comportamiento por cambios en el comportamiento de la otra (Keohane, 1984, p. 51).
9/ El proceso de contradicciones internas
dentro de la sociedad estadounidense se relaciona, por ejemplo, con el uso eficaz de sus
capacidades e instrumentos de negociación, como puede observarse en el actual proceso de
formación de la zona de libre comercio del hemisferio occidental.
10/ Citado por Fontaine (1968, pp. 37-51).
11/ Fontaine (1968, p. 46), citando a The New
York Times, 15 de agosto de 1947, p.8.
12/ La Doctrina Monroe es corolario del Mensaje del
Presidente James Monroe al Congreso de los Estados Unidos el 2 de diciembre de 1823, que
contenía un párrafo que establecía que las potencias europeas no debían entrometerse
en los asuntos americanos: "Por lo tanto, en aras de la sinceridad y las relaciones
amistosas existentes entre los Estados Unidos y esas potencias, declaramos que
consideraremos cualquier intento de su parte de extender su sistema a cualquier parte de
este hemisferio como peligroso para nuestra paz y nuestra seguridad. No hemos intervenido,
ni lo haremos, en las colonias o dependencias existentes de potencias europeas. Pero con
gobiernos que han declarado su independencia y la han mantenido, y cuya independencia
hemos reconocido en consideración a principios de justicia, no podríamos ver ninguna
intervención con el objeto de oprimirles, o controlar de cualquiera otra forma su
destino, de ninguna potencia europea, en ningún caso, salvo la manifestación de una
disposición inamistosa hacia los Estados Unidos." (Perkins 1927, p. 84).
13/ Perkins (1927, pp. 9-17) demostró que el
Presidente John Adams había empezado a concebir los continentes americanos, especialmente
América del Norte, como un protectorado especial de los Estados Unidos del cual había
que excluir al resto del mundo.
14/ Se sabe que a pesar de que el Presidente Woodrow
Wilson encabezaba la propuesta de una institución colectiva de seguridad que previniera
la repetición de la guerra mundial (no se hablaba de la 'primera', puesto que se suponía
que sería la única), Estados Unidos no era un signatario del Tratado de Versalles
15/ El Artículo 21 establece que "Nada en este
Pacto podrá ser invocado para afectar la validez de los compromisos internacionales como
los tratados de arbitraje o los convenios regionales como la Doctrina Monroe para asegurar
el mantenimiento de la paz". El Articulo 21 no fue satisfactorio para el Senado de
los Estados Unidos y su referencia a la Doctrina Monroe como un "convenio
regional" fue profundamente inquietante para América Latina. Véase Connel-Smith,
1966, pp. 56-57.
16/ Sólo quince fueron los miembros originales:
Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, El Salvador, Guatemala, Haití,
Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Ecuador, Nicaragua, Costa Rica,
México y la República Dominicana ingresaron a la Sociedad con posterioridad (Peck,
1977).
17/ Según Peck, (1997, p. 179), la gran
guerra cambió el ambiente en que se daban las relaciones internacionales en América
Latina al menos en tres maneras fundamentales: i) removió la amenaza de cualquier
intervención extrahemisférica especialmente de fuentes europeas; ii) confirmó que el
hemisferio occidental era una esfera de predominancia de Estados Unidos; y iii) la
Sociedad de las Naciones presentaba nuevas oportunidades para la participación de
América Latina en los sistemas de seguridad colectivos de poder globales y regionales.
18/ El Comité Asesor Económico y
Financiero estableció en junio de 1940 una Comisión Interamericana de Desarrollo. El
Comité puso en marcha también la Junta Interamericana del Café y la Comisión
Interamericana Marítima Técnica (Connel-Smith, 1966, P. 118).
19/ Como lo planteó Armstrong (1982, p. 50),
"Mientras el Pacto había sido una creación esencialmente angloamericana, la Carta
era un documento típicamente americano".
20) Don Hernán Santa Cruz (1995, p. 30) se
refiere a las palabras del canciller chileno Germán Vergara Donoso, que según él
reflejaban con fidelidad el clima de incertidumbre que rodeaba a las Naciones Unidas en
esa primera época: "Actúa con calma y con mucho cuidado. Recuerda que las Naciones
Unidas es una institución nueva que puede terminar cualquier día, en tanto que la Unión
Panamericana ha resistido ya medio siglo de dificultades y es algo permanente que tenemos
el deber de defender y preservar."
21/ La versión final del
Artículo 51, en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas ("Acción en
caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión") es:
"Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima
defensa, individual o colectiva. en caso de ataque armado contra un Miembro de las
Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas
necesarias para antener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los
Miembros en ejercicio del derecho de Ilegítima defensa serán comunicadas
inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y
responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en cualquier momento
la acción que estime necesaria con el fin de mantener o restablecer la paz y la seguridad
internacionales."
22/ Antes de la Sociedad de las Naciones, el
principio guía de las relaciones interamericanas era la protección de su soberanía
natural. La cooperación internacional, donde existía, estaba limitada en extensión y
tiempo. El avance fue muy lento en aspectos menos polémicas como establecer un sistema
postal internacional eficiente o regular la propagación de epidemias mediante
convenciones sanitarias internacionales (Armstrong, 1982, p.1)
23/ En palabras de Armstrong (1982, p. 41), es
parte de la tragedia de la Sociedad que su fracaso completo en materias de seguridad fuera
sólo igualado por su incapacidad de afectar el surgimiento del nacionalismo económico y
la crisis económica global del decenio de 1930.
24/ Aunque el Artículo 1 de la Carta de las
Naciones Unidas incluye éstos entre los propósitos de las Naciones Unidas, sólo en el
preámbulo establece que [y para estos fines] "emplear un mecanismo internacional
para promover el progreso económico y social de todos los pueblos". El Artículo 55
es más preciso: [la Organización promoverá] "a) niveles de vida más elevados,
trabajo permanente para todos, y condiciones de progreso y desarrollo económico y
social", aunque la redacción del Artículo 62 es vaga en relación con las funciones
del Consejo Económico y Social.
25/ El Artículo 55 de la Carta reconoce que
"niveles de vida más elevados, trabajo permanente para todos, y condiciones de
progreso y desarrollo económico y social" están relacionados con "crear las
condiciones de estabilidad y bienestar necesarias para las relaciones pacíficas y
amistosas entre las naciones........ Por lo tanto, hay un reconocimiento explícito en la
Carta de que el progreso y el desarrollo económico y social es un problema que afecta
directamente a toda la comunidad internacional y justifica una acción internacional
coordinada. |