CUARTA PARTE (pp. 78-101)
EL IMPERIALISMO Y LA UNIDAD POPULAR
"Para hacer la revolución, se necesita un partido revolucionario. Sin un
partido revolucionario, sin un partido creado conforme a la teoría marxista-leninista y
al estilo revolucionario marxista-leninista, es imposible conducir a la clase obrera y las
amplias masas populares a la victoria sobre el imperialismo y sus lacayos."
( ¡Fuerzas revolucionarias del mundo, uníos, luchad contra la agresión
imperialista!", Mao Tse-tung, 1948) . Dentro de la nueva
estrategia de dominio imperialista, con estancamiento o retiro de los servicios y
minería, y penetración en la manufactura, el ejemplo de Chile es bastante claro.
Principalmente, en los últimos siete años, que van desde 1964 hasta 1970.
De acuerdo a tabulaciones basadas en el origen de la casa
matriz de las empresas operando en Chile ( lo cual corrige los datos norteamericanos
sobre el tema, ya que elimina el rubro "otros", y evita el efecto del engaño de
los consorcios yanquis a sus propias autoridades por medio de las inversiones
"triangulares" : por ejemplo, el consorcio Pfizer invierte desde Panamá en
Chile, y en los estudios de EE. UU. no figura invirtiendo en nuestro país esa parte de
sus capitales-), y considerando las inversiones declaradas menos las amortizaciones,
los capitales norteamericanos en Chile en el año 1964, se distribuían así:
| Cifras expresan millones de dólares |
|
| Mineria: |
469,44 |
| Manufacturas: |
58,30 |
| Servicios y comercio: |
49,75 |
| Agricultura, caza, pesca y silvicultura: |
9,04 |
Esto daba para 1964 una suma de 586,53 millones de dólares de
inversión total. Hay que aclarar que, como estas inversiones son producto, además de la
traída de capitales de EE. UU., de la reinversión y de recursos obtenidos en Chile, y en
muchos casos de revalorizaciones, lo real es que esta cantidad es meramente nominal, y,
por eso mismo, abultada. (1).
Pero, en todo caso, para los propósitos de nuestro análisis utilizando elementos de
comparación para verificar el "interés sectorial" demostrado por los
consorcios imperialistas, son suficientes.
Seis años más tarde, al 31 de diciembre de 1969, las inversiones nominales yanquis, se
comportaban así:
| Cifras expresan millones de dólares |
|
| Mineria: |
453,60 |
| Manufacturas: |
165,06 |
| Servicios y comercio: |
50,20 |
| Agricultura, caza, pesca y silvicultura: |
5,90 |
Esto daba un total de 674, 77 millones de dólares para las inversiones
nominales (referirse a la nota 1) de los EE. UU. en Chile a esa fecha.
Lo importante es, entonces, medir las variaciones de porcentajes para cada sector entre
1964 y 1969:
| Inversiones directas estadounidenses en Chile, por sectores, en
porcentajes del total |
| Año |
Minería |
Manufacturas |
Servicios y Comercio |
Agricultura, etc |
| 1964 |
80,0 |
10,0 |
8,5 |
1,5 |
| 1969 |
67,5 |
24,4 |
7,4 |
0,7 |
Lo que más destaca en este cuadro es el espectacular crecimiento de la
importancia porcentual de las inversiones directas en manufacturas, ya que crecen en 144%
.
Por otro lado, la disminución en minería superó el 15% (principalmente por el acuerdo
de chilenización con la Kennecott en el mineral El Teniente). Al mismo tiempo, en
servicios públicos y comercio la disminución fue de 13%. Esta disminución, para el año
1970, sería mucho más acentuada, ya que la American Foreign Power se retiró de
Chilectra vendiéndola en diez veces su valor al gobierno de Frei.
Creo que queda claramente demostrado el creciente interés yanqui por colocarse dentro del
proceso de desarrollo manufacturero chileno; interés que creció caudaloso con la
administración Frei y mantiene un buen paso, ahora, con la administración Allende.
En todo caso, y antes de describir lo que está ocurriendo en el sector industrial desde
el 4 de noviembre de 1970, es bueno detenerse un poco más en la presencia extranjera ( de
abrumadora mayoría yanqui ) en los sectores manufactureros nacionales.
Estudios de la Corporación de Fomento de la Producción, basados en los datos
suministrados por la Superintendencia de Compañías de Seguro, Bolsas de Comercio y
Sociedades Anónimas, daba para el año 1967 porcentajes bastante precisos en cada sector
manufacturero, para el capital extranjero, capital privado nacional y capital estatal.
El cuadro que sigue es un resumen de esos datos:
| Participación extranjera en la industria chilena, año 1967. En porcentaje para
cada sector industrial |
| Sectores |
Capital extranjero |
Capital privado chileno |
Capital estatal |
| Tabacos |
59,1 |
40,9 |
- |
| Maquinarias y accesorios eléctricos |
48,9 |
47,8 |
3,3 |
| Caucho |
44,2 |
55,8 |
- |
| Industria química |
31,1 |
64,4 |
4,5 |
| Minerales no metálicos |
25,6 |
74,2 |
0,2 |
| Calzados y Vestuario |
23,3 |
75,4 |
1,3 |
| Bebidas |
16,8 |
80,6 |
2,6 |
| Productos metálicos |
16,5 |
83,5 |
- |
| Industrias diversas |
15,3 |
84,7 |
- |
| Metálicas básicas |
13,3 |
56,4 |
30,3 |
| Material de transporte |
10,6 |
88,7 |
0,7 |
| Alimentos |
9,8 |
61,6 |
28,6 |
| Textil |
8,2 |
91,8 |
- |
| Muebles y accesorios |
7,8 |
92,2 |
- |
| Maquinarias no eléctricas |
7,1 |
92,9 |
- |
| Derivados del petróleo y del carbón |
5,5 |
94,5 |
- |
| Madera |
3,3 |
94,6 |
2,1 |
| Papel y Celulosa |
2,7 |
96,7 |
0,6 |
| Cuero |
2,0 |
98,0 |
- |
| Imprenta y editoriales |
1,7 |
97,9 |
0,4 |
A la fecha de estos datos, trabajaban en estos sectores manufactureros
380.000 obreros y empleados, había un total de 34.973 propietarios, con un total de
36.200 establecimientos industriales.
Sin embargo, no más de 160 de estos establecimientos industriales tenían el monopolio de
la producción en TODOS esos sectores. Y de esos 160 establecimientos, 82 tenían
participación de los consorcios imperialistas.
De esos monopolios con participación extranjera (noventa por ciento yanqui), había 37
con una participación de más de 50% y 45 industrias con más de 33%.
Según estos mismos estudios, 86% de las empresas extranjeras se ubicaban en los sectores
monopólicos.
En suma, el capital norteamericano en la manufactura nacional se vincula estrechamente con
las empresas monopólicas, oculta las utilidades por medio del recurso de "créditos
externos", tiene una enorme participación en el sistema bancario, y, lo más grave,
recurre a los capitales nacionales (33% de ese financiamiento lo proporciona la CORFO
solamente) para expandirse y aumentar fraudulen- tamente sus "'inversiones" en
Chile.
Un resumen general del cuadro que vimos, da estos resultados: 17% del capital pagado del
total de las sociedades anónimas industriales chilenas era extranjero en 1967, a lo que
había que sumar el poder adjunto al capital, como son la tecnología avanzada, las
inversiones a través de bancos extranjeros operando en Chile y el monopolio del acceso a
los repuestos importados de las maquinarias en funcionamiento.
En todo caso, a estas cifras de 1967 habría que agregar para los años siguientes los
capitales ingresados para la industria automotriz y la petroquímica, todos yanquis, que
sumaban más de 40 millones de dólares.
De todo esto se ve claro que el "corazón" del dominio imperialista en Chile se
va desplazando con fuerza (hasta la administración Frei) desde la minería y los
servicios, hacia la industria manufacturera. Se iba creando velozmente una nueva forma de
colonización, más peligrosa, más sutil, y sobre todo, más fuerte: la dependencia
industrial.
¿Ha cambiado ese panorama con la administración Allende?
De los hechos que examinaremos en seguida, podremos sacar una conclusión bastante
aproximada a la verdad.
El Caso del Gobierno de la Unidad Popular
El gobierno de Allende asumió sus funciones en medio de una creciente lucha
antimperialista del pueblo chileno. Sin embargo, a pesar de su declarada concepción
liberadora del poder colonial yanqui, se ha encontrado con una realidad que le da muy poca
capacidad de maniobra.
En su mensaje del día 21 de mayo de 1971, el Presidente Allende dijo: "Estudiamos en
estos momentos la constitución del complejo nacional del acero que agrupará seis
empresas en torno a la CAP. El acuerdo con la industria americana ha mostrado, una vez
más, que el Gobierno ofrece un trato equitativo al capital foráneo sin renunciar a los
intereses básicos de nuestra nación".
Estas palabras resumen una idea que nunca antes expresara Allende, y que, por supuesto,
ningún combatiente antimperialista tendría: la idea de que los intereses nacionales
chilenos tienen coincidencia en alguna parte con los intereses de los consorcios
imperialistas yanquis.
Al asumir su cargo por medio de elecciones presidenciales burguesas, Allende se encontró
ante la disyuntiva de aplicar un programa reformista por medio de un Estado oligárquico y
proimperialista. Se enfrentó con el poder económico y político de la oligarquía
totalmente intacto y, lo que es peor, con el poder yanqui en Chile, sin un rasguño. Desde
sus oficinas del Palacio de La Moneda, el Presidente ha tenido que maniobrar, dentro del
juego burgués, para que las fuerzas armadas chilenas (instrumento vital de dominación
del sistema capitalista dependiente del imperialismo sobre el proletariado y todo el
pueblo chileno) vayan "aceptando" sus medidas económicas, se vayan
"incorporando" al juego que, al final, resulta un juego de consolidar el
capitalismo dependiente del imperialismo por medio de una forma de capitalismo de Estado.
Ya vimos que la lucha en ascenso de las amplias masas, al mismo tiempo que el desarrollo
del capiyalismo en el país y el crecimiento mundial de los consorcios imperialistas va
provocando una situació en que las contradicciones entre sectores burgueses y sectores
imperialistas se hacen críticas. Se necesita frenar las lucha populares, ampliar los
mercados de consumo y reformar las relaciones entre el capitalismo de la colonia y el
imperialismo. Se produce entonces el fenómeno de un reformismo burgués que actúa a
través de todo el aparato estatal ( para poder enfrentar con éxito las presiones en
contrario de sectores oligárquicos e imperialistas ). Esto se sustantiva en el control
estatal de algunos sectores oligárquicos ( los de la tierra y de las finanzas y algunas
industrias ), y en la conciliación con el imperialismo, permitiéndole que se introduzca,
como socio del Estado principalmente, en el corazón industrial nacional.
A cambio de eso, el imperialismo permite que Allende eche de Chile a la Anaconda y
Kennecott, pero pagando un "justo precio". Un "justo precio" que se
compone, hasta ahora, de los 525 millones de dólares de la "deuda" que los
consorcios del cobre tienen con bancos de su propio país y, probablemente, de unos 200
millones más por las instalaciones que hay en las minas chilenas. Un total de 700
millones que, posiblemente, se transformen en 1.000 millones, dependiendo del plazo en que
se amortice y los intereses que se paguen.
Todo esto será mucho más que "un premio a la explotación", si tenemos en
cuenta lo que vimos antes, en el sentido de que Anaconda y Kennecott no sólo no poseen
un dólar en Chile, sino que, todavía más, se han robado más de 500 millones de
dó en una estafa colosal.
Con mucha sagacidad, sectores dirigentes de la Unidad Popular,
Algunos casos importantes
El convenio con la RCA Víctor
El complejo sidero-metalúrgico
El caso de la Armco Steel Corp.
Algunos casos de integración
Notas: |