Germán F. Westphal (EE.UU.)Distribuido por Política Cono Sur
En su reciente viaje a Washington, D.C. el candidato chileno a la Secretaría General de
la OEA, José M. Insulza, se presentó con una agenda en la cual la defensa y protección
de los Derechos Humanos serían prioritarias. Sin embargo, sus antecedentes sobre la
materia son abismantes. Como evidencia de ello (la cual es más que abundante respecto a
casos de DD.HH. chilenos), incluimos más abajo la carta que Olga Weisfeiler le envió al
Presidente Ricardo Lagos con fecha 19 de Abril, 2004, a propósito de la desaparición de
su hermano Boris Weisfeiler, ciudadano norteamericano.
A la fecha de la carta y después de un año y medio, José M. Insulza todavía no
respondía a Olga Weisfeiler, ignorando completamente el caso de la desaparición de su
hermano, el académico norteamericano Boris Weisfeiler, la cual data desde el 4 de enero
de 1985.
La siguiente es la carta hecha pública por Olga Weisfeiler en
http://www.weisfeiler.com/boris/ Hemos remarcado en negritas las referencias a la falta de
sensibilidad de José M. Insulza respecto a este emblemático caso de desaparición
forzada que, por la ciudadanía de la víctima, reviste serias implicaciones
internacionales:
OLGA WEISFEILER
19 de abril, 2004
Su ExcelenciaRicardo Lagos Escobar
Presidente de la República de Chile
Palacio de La Moneda
Santiago, Chile
Vía fax: (56-2) 690-4958
Estimado Señor Presidente,
Le escribo respecto de mi hermano, el profesor Boris Weisfeiler, quien desapareció en
Chile en 1985, durante el régimen del general Augusto Pinochet. El 28 de marzo de
2001, le envié a Usted una carta preguntando qué medidas tomaría su gobierno en
contra de la comunidad conocida como Colonia Dignidad, donde, según aseguró un
informante de la CNI a la Embajada de Estados Unidos, Boris habría sido llevado
tras ser arrestado por una patrulla militar. En diciembre de 2002, le envié otra
carta, pidiendo su atención sobre el tema del "Estado dentro del Estado"
en el que Colonia, hoy llamada Villa Baviera, evidentemente se ha convertido. Esperaba
reunirme con Usted y conversar sobre este tema aquí en Boston, Massachusetts,
cuando vino acompañando a la Primera Dama Luisa Durán para su tratamiento médico
en octubre de 2003.
A la fecha, no he recibido respuesta a mis peticiones. La única respuesta que obtuve
de su oficina fue una nota firmada por Domingo Namuncura Serrano, Asesor de Gestión
del Gabinete Presidencial, en diciembre de 2002. La nota afirmaba que el Ministro
del Interior José Miguel Insulza me respondería pronto. Ha pasado un año y medio
desde entonces, y aún no recibo respuesta alguna.
Hace un mes que regresé de mi tercer viaje a Chile. El Embajador de EE.UU. en Chile,
William R. Brownfield, organizó una conferencia de prensa en la Embajada en apoyo
de mi campaña de avisaje en busca de nueva información sobre la desaparición de
mi hermano. Se publicaron y transmitieron muchos informes de prensa al respecto,
tanto en Chile como en el extranjero, durante y después de mi viaje. Puede leer
algunos de esos informes en el sitio www.weisfeiler.com/boris.
La última vez que le escribí, en 2002, fue después de visitar el lugar preciso desde
donde desapareció mi hermano, en el sur de Chile. Ese viaje, y mis conversaciones
con testigos locales, reafirmaron mi convicción de que la clave para descubrir el
destino de mi hermano se oculta dentro de Colonia Dignidad. Recientemente se
publicó nueva -y muy preocupante- información al respecto. Según un reportaje publicado
en La Nación Domingo el 11 de abril de 2004 ("Recuerdos del infierno"),
un testigo que había sido secuestrado por Colonia Dignidad hace 36 años y
abandonó la secta en 2002, Efraín Vedder, afirmó que el líder de Colonia, Paul
Schäfer, estaba visible y personalmente preocupado por la publicidad del caso de mi
hermano y cuán implicada estaba Colonia en su desaparición, ordenando una
meticulosa recopilación de toda la información pública sobre el caso. El Sr.
Vedder también aseguró que entre los colonos se decía que Boris había sido
prisionero ahí, y había sido asesinado en Colonia. Este nuevo testimonio reafirma
plenamente la versión entregada por un ex miembro de la patrulla militar que arrestó a
mi hermano, y que entregó información al respecto en 1987, 1990 y 1997.
Estoy muy preocupada y me entristece ver que ni Usted, Señor Presidente, ni ninguna
autoridad de su gobierno, reaccione ante las evidencias de actividades criminales
dentro de Colonia Dignidad. Tengo entendido que en tribunales locales penden 27
cargos en contra del prófugo líder, Paul Schäfer, por abuso sexual de menores.
Numerosos casos de delitos y crímenes cometidos por dirigentes de Colonia se
amontonan en los tribunales, incluyendo cargos y acusaciones de fraude, evasión
tributaria, encubrimiento de abusos sexuales, secuestro de menores, retención
forzosa de residentes, segregación de familias y duros castigos corporales a los
colonos. Sin embargo, todos estos casos duermen en los tribunales, mientras los procesados
huyen del país, como sucedió recientemente con uno de los dirigentes de Colonia,
Wolfgang Müller Altervogt, procesado como cómplice de secuestro. El caso de la
desaparición de Boris Weisfeiler incluye cargos en contra de dirigentes de Colonia
Dignidad que tienen responsabilidad por su destino.
Mi hermano no fue el único que desapareció detrás de la alambrada de Colonia Dignidad.
"Se ha comprobado que hubo vínculos entre la DINA y Colonia Dignidad",
se afirma en las conclusiones de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación.
Se ha hablado de más de 100 prisioneros en Colonia Dignidad, la mayoría de ellos,
hoy desaparecidos. También existe nueva evidencia que apoya esta afirmación.
Efraín Vedder entregó los nombres de dos dirigentes de Colonia Dignidad
-Willi Malessa y Erwin Fege- quienes tienen responsabilidad en el ocultamiento de
los vehículos de los detenidos-desaparecidos que se encontraban en Colonia, y en el
traslado de los restos de los desaparecidos, enterrándolos ilegalmente en otro sitio. El
Sr. Vedder también fue testigo directo de la destrucción de documentación
sensible en Colonia en 1998.
No obstante, en los últimos 14 años, el gobierno y los tribunales han hecho muy poco
para investigar estas denuncias.
Además del tema de los prisioneros que desaparecieron desde Colonia Dignidad durante
la dictadura militar, actualmente en Colonia se cometen crímenes diariamente,
destruyendo las vidas de desprotegidos ciudadanos chilenos y alemanes atrapados en
su interior. Estos crímenes incluyen trabajos forzados sin paga, la falta de
educación formal para los niños residentes, a pesar de ser obligatorio de acuerdo
a las leyes chilenas, el dopaje forzado de miembros de la Colonia por
"problemas disciplinarios", y duros castigos físicos, entre otros. Estos son
crímenes que se han cometido por décadas y continúan hoy en día, y de los cuales
el gobierno y los tribunales de Chile están plenamente conscientes. Sin embargo,
nada se hace para poner fin a ellos.
Quienes probablemente puedan entregar información de primera mano sobre los
desaparecidos en Colonia están impedidos de decir la verdad, a punta de amenazas y
castigos.
Más de 200 colonos son potenciales testigos, pero no pueden hablar, ya que no tienen
cómo abandonar la Colonia y continuar sus vidas normalmente en otro lugar, debido a
que ni los gobiernos ni instituciones de Chile o Alemania les han asegurado el apoyo
social, económico y psicológico y la vital protección que requieren para
abandonar Colonia de manera segura e integrarse a la sociedad chilena sin temor a
represalias.
Con esta carta, nuevamente le planteo el tema de Colonia Dignidad, con la esperanza de
que Usted, Señor Presidente, le brinda su atención personal a las actividades
criminales de los dirigentes de la secta alemana, aún en ausencia de su máximo
líder, Paul Schäfer. Por más de 40 años, los sucesivos gobiernos chilenos han
permitido la existencia y operación de la Colonia, permitiéndole continuar
cometiendo crímenes.
Por el bien no sólo de saber la verdad sobre mi hermano y los otros desaparecidos, sino
también por las generaciones de residentes en la secta que hoy viven como
esclavos, lo insto urgentemente a desmantelar Colonia Dignidad de una vez, abriendo
sus puertas a una amplia investigación, y ofreciendo ayuda legal, económica,
social y moral a sus víctimas. Espero también, que el gobierno de Chile asuma un
papel activo en la investigación judicial de las actividades criminales los
dirigentes de Colonia Dignidad.
Le agradezco su atención a este tema, y espero su pronta respuesta.
Atentamente,
Olga Weisfeiler
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* Germán F. Westphal, Ph.D. es académico de la Universidad de Maryland, Sede Baltimore,
EE.UU.
E-mail: westphal@umbc.edu