| 30 enero 2005Ante el suicidio de mi
torturador
Conocí a Barriga -mejor dicho, él me conoció a mí- en Villa Grimaldi,
a mediados de mayo de 1975. Él en su calidad de torturador y yo, en mi
calidad de "prisionero de guerra" y detenido-desaparecido en Villa Grimaldi,
vendado, amarrado, torturado e identificado tan sólo por un número, el 209.
La noticia de su suicidio un par de semanas atrás, me sorprendió fuera de Santiago.
No puedo decir que su muerte me entristeció. No se entristece un torturado
al enterarse de la muerte de su torturador. Sin embargo, ella no me causó ninguna
alegría: me causó decepción. Esperaba y confiaba que en algún momento me
encontraría con Barriga en un careo judicial. Era lo que esperaba como resultado de
la querella por torturas que ingresé a los Tribunales de Justicia el año 2002 y que se
encuentra actualmente en trámite. Allí individualizaba a Barriga, "don
Jaime", como el comandante de la unidad de la DINA responsable de la represión al
Partido Socialista en 1975 y como uno de mis principales torturadores.
No sentí ni he sentido nunca odio contra Barriga. El odio, ante la inconmensurable
crueldad de los crímenes cometidos, parece un sentimiento casi banal... Sentí
-y siento- un profundo desprecio y una gran repugnancia hacia él y
hacia todos aquellos que torturaron, asesinaron e hicieron desaparecer a personas.
Creí que iba a tener la oportunidad de poder
mirarlo directamente a los ojos. En Villa Grimaldi estuve siempre permanentemente vendado,
amarrado y físicamente destrozado. Al enfrentarlo cara a cara, esperaba poder tratar de
entender qué es lo que hay dentro de un sujeto que es capaz de hacer pasar las ruedas
delanteras de una camioneta por encima de las piernas de un detenido (caso de Ariel
Mancilla Ramírez, constructor civil detenido desaparecido y amigo mío, torturado de esa
forma en Villa Grimaldi en marzo de 1975); un individuo que es capaz de colgar de
los testículos a otro detenido desde un árbol que aún existe, el gran ombú que domina
lo que hoy es el Parque por la Paz (caso del médico amigo mío y anterior diputado
del Partido Socialista, Carlos Lorca Tobar, detenido desaparecido en Villa Grimaldi en
junio de 1975); un sujeto que es capaz de torturar con electricidad y asesinar a una mujer
que se encontraba en su octavo mes de embarazo (caso de Michelle Peña Herreros, ciudadana
española, también en Villa Grimaldi en la misma época) o un ente que es capaz de
torturar a una joven mujer -integrante de la estructura del P.S. a la
que yo pertenecía- introduciéndole un palo de escoba en la vagina -sucesos que
ocurrieron en los mismos días en que yo me encontraba en Villa Grimaldi.
O, como en mi caso, ordenar y participar en torturas -colgamientos- que
provocaron lesiones "por torsión y tracción" de acuerdo al informe pericial
del Instituto Médico Legal relacionado a mi querella, las cuales persisten hasta el dia
de hoy en mi hombro izquierdo.
Pero para Barriga no era importante tan sólo destruir "al enemigo" a través de
brutales torturas. También era igualmente necesario denigrarlo y humillarlo, forzando
dentro de la boca del prisionero que permanecía con los ojos vendados y amarrado a la
parrilla, los excrementos que habian sido expelidos de su cuerpo como efecto de la
pérdida de control de los esfínteres por las descargas eléctricas durante la sesión de
tortura. Y puedo dar fe de ello porque así ocurrió en mi caso. Y Barriga no
era peor que sus subordinados o sus jefes inmediatos.
Y se suman a este breve recuento y experiencia personal referida a Barriga, los centenares
de casos de torturados, con sus desconocidos detalles y decenas de desaparecidos de los
cuales Barriga debería haber dado cuenta antes de morir, incluyendo las víctimas de
Calle Conferencia, caso que lo llevo a saltar al vacio.
Ese era el tipo que se suicidó. No creo que haya sido una gran pérdida para la
humanidad.
Barriga sólo permaneció un breve tiempo en detención. Y ésta se llevó a cabo en
el entonces recinto de Policía Militar del Regimiento de Telecomunicaciones de
Peñalolén. El mencionado recinto de detención -el cual tuve oportunidad de
conocer- era un pequeño parque arbolado que contaba con seis cabañas de las cuales se
asignaba una a cada militar detenido por violación a derechos humanos. Las cabañas
contaban con dos dormitorios, living-comedor, cocina, baño, teléfono, computador
conectado a internet y televisor conectado a cable, y estaban distribuídas alrededor de
una piscina común. Barriga jamás pisó una cárcel, al menos en calidad de
detenido.
Barriga se quejaba de que su pension de retiro como oficial de ejercito, ascendiente a
más de $ 700.000, le era insuficiente para vivir y, por tanto, se veía obligado a
trabajar para obtener ingresos extras.
Barriga jamás entregó información útil para dilucidar casos de violación de derechos
humanos.
Ello lo hizo objeto de la FUNA, a la cual Barriga en su carta póstuma tambien culpó de
su muerte.
Participé en la primera FUNA que se realizó en este país, el 1° de Octubre de 1999,
FUNA que se dirigio a un médico torturador.
Posteriormente y de acuerdo a mis disponiblidades de tiempo, participé en
muchas otras, incluyendo la FUNA al propio Barriga frente a su domicilio, el departamento
que poseía en Irarrázaval con Campos de Deportes.
No pude asistir -porque me encontraba en actividades académicas fuera del país- a la
FUNA que lo denunció como alto empleado de Supermercados Líder, pero si hubiera estado
en Chile con seguridad habría ido pues suscribo absolutamente los objetivos de la FUNA:
creo que es extremadamente importante y necesario informar a los vecinos de los distintos
barrios de los torturadores y violadores de derechos humanos que viven en su entorno
inmediato. Como así mismo, informar a los trabajadores de distintas empresas e industrias
de aquellos asesinos que trabajan junto a ellos, o que los dirigen. Asesinos o
torturadores que viven ocultando su identidad y su pasado. Y esta actividad de denuncia
pública, la FUNA, se efectúa siempre sin violencia, portando pancartas y lienzos
alusivos, distribuyendo volantes con la fotografía, la dirección, y la biografía del
funado, tocando música, cantando canciones y demostrando genuina alegría -la alegría
que se produce naturalmente por saber que se esta haciendo lo correcto y lo decente- y
donde jamás han existido daños a la propiedad pública o privada -incluida la del
funado-, con personas -mayoritariamente jóvenes- que van a rostro descubierto y que
no se ocultan bajo identidades falsas o rehuyen responsabilidad por la actividad que han
decidido apoyar. ¡Qué distinta actitud comparada con la asumida por sujetos
como Barriga o sus colegas!
Ante el suicidio del torturador se ha afirmado por parte del Comandante en Jefe del
Ejercito que Barriga vivió con honor. Sólo me cabe reflexionar sobre el contenido y
significado de esas palabras. Concluyo entonces que el concepto de honor militar del
actual Comandante en Jefe está necesariamente a la altura del torturador suicidado.
Conozco y respeto a otros militares -de Fuerzas Armadas de otros países-
y sé que su concepto de honor militar no coincide con rendir visitas de
pésame a la familia de un torturador y efectuar un homenaje póstumo a un criminal.
Es un sui generis concepto del honor militar y de la dignidad del que
hicieron gala Barriga y sujetos de su misma calaña y que hoy es recogido por el
Comandante en Jefe del Ejército. Es también una demostración más de que el ejército
de Chile continúa siendo el ejército de Pinochet y que el proceso de reconstrucción
moral de sus efectivos durará todavía por muchos años, hasta que el último de los
oficiales de Pinochet -Cheyre incluido- hayan desaparecido y su legado de horror y su
concepto del "honor militar" hayan sido borrados por la historia, por los
procesos judiciales y por la civilidad.
Pedro Alejandro Matta Lemoine
Ciudadano Chileno, Cédula de Identidad 5.920.271-5
Estudiante de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile hasta el golpe de Estado
del 11 de septiembre de 1973.
Ex prisionero político de la Dictadura (1975-1976) y refugiado político y exiliado en
Estados Unidos (1976-1991).
Conferencista y Expositor en temas de Derechos Humanos, Western Hemisphere Institute for
Security Cooperation, Fort Benning, Georgia, Estados Unidos (2001-2002).
Socio Investigador Academico, Western Hemisphere Institute for Security Cooperation, Fort
Benning, Georgia (2002)
Integrante del Curso para Instructores Militares en Derechos Humanos, Western Hemisphere
Institute for Security Cooperation, Fort Benning, Georgia (2002).
Diplomado del Curso de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, Quinta
Brigada del Ejército de Colombia, Oracle University, y Universidad Autónoma de
Bucaramanga (2002).
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