por Tito
Alvarado
Al vació, desde un décimo octavo piso, salta un cuerpo (por lo pronto
esta es la versión oficial). Se le puede ver cual marioneta ir al mortal encuentro con el
pavimento. El edificio está situado en uno de los barrios donde vive la gente linda en
Chile, No es precisamente un sitio para gente depresiva que busque terminar sus miserables
días de esa forma. Luego del impacto terrible, el cuerpo quedó convertido en una deforme
maza de carne, huesos y sangre esparcida.
La prensa se hace cargo del suicida, pues tenía pasado oscuro y la
protección oficial que da el ejército a su gente. En el decir de mi hermano argentino,
Manuel, hay gente que nace con una buena estrella y otros nacen estrellados. En el señor
suicida, coronel en retiro, ex torturador de oficio, se reúnen las dos condiciones
durante la dictadura le brilló su buena estrella: tenía poder y desde este actuaba con
frialdad calculada, luego de lo que para él fue cumplimiento del deber, vinieron los
reconocimientos y las garantías del mando. Lo que nunca entró en sus libros fue que la
porfiada gente que sobrevivió a aquellos años de odio y terror, conservaría el valor de
no olvidar y luchar por justicia.
Nos dice, con absoluta falta de memoria, en su carta de despedida de este
mundo: "Llegué al punto de no poder resistir y cumplir mis compromisos
económicos, porque sistemáticamente como lo saben mis más cercanos y grupos
políticos que me han perseguido y presionado entre otras acciones, para sacarme de
mis tres últimos trabajos desde que soy uniformado en retiro, se me fueron cerrando
totalmente las posibilidades laborales, incluso por gente no política, pero miedosa si me
contrataba, todo por ser un coronel de Ejército en retiro, procesado por supuestas
violaciones a los derechos humanos, cometidas cuando fui oficial subalterno (teniente
y/o capitán), pero ya condenado desde hace bastante tiempo por medios de comunicación y
agrupaciones políticas".
Este párrafo nos muestra claramente aspectos éticos, que este profesor
de ética para el personal de los supermercados Líder no conocía. A juzgar por la forma
atropellada en que construye sus frases, podemos determinar su poca capacidad de
raciocinio y su escaso nivel cultural. También notamos que este señor, conocido en
tiempos en que ejerció el dudoso oficio de torturador oficial como Don Jaime, no tiene
conciencia de que su actuar fue criminal. Se da en él lo que algún día conoceremos con
Síndrome de Santiago. El victimario se presenta como víctima y es reconocido y defendido
como tal, olvidando y haciendo olvidar, que en su tiempo de poder fue un victimario cuya
misión era quebrar el poder de resistencia de sus víctimas y lograr que estas se
transformaran en escoria humana. Como para decir lindo oficio el de este señor.
Afortunadamente en aquel tiempo había luchadores que conocían la vergüenza y
prefirieron la muerte a traicionar sus ideales.
Ahora, vestido de ciudadano aparentemente común y corriente él se queja
de no poder resistir y elige morir. ¿Alguna de sus víctimas pudo elegir? Alega que se le
acosó y se confiesa procesado por supuestas violaciones a los derechos humanos.
Que algunos interesados callen este especto, no puede significar que nos traguemos el
cuento de que ahora es la víctima.
Así como sus crímenes no merecen perdón, tampoco su actuación de hoy
merece de nuestra parte compasión. Según nos demostró violeta Parra en su canción, La
Carta: "El león es un sanguinario en toda generación".
Otro párrafo nos deja helados: "Seré próximamente condenado por
tener entre otros varias personas secuestradas a las que según la justicia mantengo en
esa ficticia situación desde la década de los 70, y a una cárcel para cumplir
condena por dichas figuras legales falsas, prescritas o cubiertas por la amnistía
(
)"
Ya hemos resaltado la forma enredada de hablar, lo cual nos indica el bajo
nivel intelectual de este ex coronel, es como para decir que no se necesitan dos dedos de
frente para llegar a ese nivel de mando en el ejército y gozar de los beneficios del
sueldo y del casino de oficiales que le permiten, paradójicamente, no poder cumplir
sus compromisos económicos. En cambio millones de chilenos, con mucho más nivel
intelectual y sentido humano, no pueden darse esos lujos y su único compromiso es la
sobrevivencia diaria. Pero bueno, este detalle lo podemos pasar por alto pues lo relevante
es que él, quizá como un mecanismo de autodefensa o como una muestra de esmerado
cinismo, distorsiona la esencia de las acusaciones que pesaban en su contra y se atreve a
decir que son una situación ficticia que califica de figuras legales y como
corolario insiste en que son falsas. Como si esto fuera poco, se escuda en estar,
los negados hechos, prescritos o cubiertos por la amnistía.
Esta nota suya, redactada con la calma de quien conoce su futuro, junto
con indicarnos su desconocimiento del significado de las palabras, indica una soberbia
total. En esta soberbia él no era culpable de nada.
Sin embargo todos sabemos que este señor estuvo implicado de cuerpo y
alma en la detención ilegal de personas, en su prisión, también ilegal, en torturarlas
sistemáticamente y en su posterior desaparición. Aquí me asalta la duda acerca de qué
clase de seres humanos, deshumanizados, produce la institución y las ideas a las que
sirvió con tal fidelidad? ¿Merecen estas el sacrificio de consagrar su vida y su muerte?
La respuesta de él no la tendremos, como tampoco la de de la institución cuyo director
supremo deja de lado el deleite de las vacaciones y se encarga de dar personalmente el
pésame. ¿Será este un privilegio consagrado a los torturadores o es una estudiada forma
de entregar un doble mensaje? Nuestra lectura de este gesto es que en palabras declaran
una cosa y en los hechos dicen otra. Lo que la vida nos demuestra es que puestos en la
balanza hechos y palabras, valen más los primeros.
Nos enteramos de que diligentes amanuenses, se encargaron de rendir
homenaje a su memoria con una misa. Según tengo entendido un suicida no puede recibir
estos honores con el patrocinio de la iglesia y todo buen católico debiera saberlo y
respetar esta conducta de la iglesia.