| De La Nación - 30 enero 2005 LA RESPONSABILIDAD EN LA REPRESIÓN QUE GERMÁN BARRIGA PREFIRIÓ
CALLAR
Los pecados de mi capitán
Ex agentes subordinados del suicidado ex oficial DINA acusan cómo éste hizo
desaparecer prisioneros. El coronel retirado jamás habló ni entregó información a los
jueces respecto a los hechos acaecidos bajo su responsabilidad en la brigada Purén. Los
secretos se los llevó a la tumba.
Jorge Escalante
El capitán Germán Barriga ordenó a algunos de sus agentes para que al día siguiente
se reunieran a las ocho de la mañana en el cuartel de la DINA, en Villa Grimaldi. Barriga
era el jefe de la brigada Purén y tenía bajo su mando al menos a quince agentes,
repartidos en distintas agrupaciones. Los hombres escogidos llegaron puntuales. Era
entrado septiembre de 1976 y la represión al Partido Comunista se había intensificado
desde mayo de ese año, cuando la brigada a su mando detuvo a la dirección clandestina
del PC en calle Conferencia de Santiago.
A bordo de una camioneta Chevrolet C-10, Barriga ordenó subir amarrados y vendados, al
menos, a siete prisioneros. Aunque algunos de los subordinados de Don Jaime -el alias de
Barriga en la DINA- recuerdan que fueron más. El convoy salió desde José Arrieta, en la
comuna de Peñalolén. Escoltando la camioneta con los detenidos iban tres a cuatro
vehículos de la DINA con los agentes de Barriga. A los detenidos se les informó que
serían cambiados de lugar de reclusión. Enfilaron rumbo a Los Andes, ciudad de la Quinta
Región. Pero al llegar al sector de Peldehue, en terrenos del Ejército, Barriga ordenó
detener la caravana e ingresar por un portón, unos dos kilómetros dentro del predio. Uno
de los vehículos se quedó vigilando la entrada de acceso.
Don Jaime ordenó que los prisioneros descendieran. Barriga era el jefe del operativo.
El único oficial que lo acompañaba era el teniente de Carabineros, también agente DINA
y entonces jefe de la agrupación Águila, Ricardo Lawrence Mires, quien actuó como
subordinado suyo.
 Campo de concentración Villa Grimaldi durante los años ´70. |
Desde uno de los vehículos descendió un hombre de lentes ópticos, usando un delantal
blanco. Era el doctor Osvaldo Pincetti, conocido como El Brujo de la DINA. Un
paramédico que utilizaba técnicas de hipnosis para sacar información a los detenidos.
Entonces Barriga le ordenó proceder. A los prisioneros se les sacaron las amarras pero se
les mantuvo la vista vendada. Pincetti preparó una jeringa y comenzó a trabajar.
Pude ver que el doctor Pincetti los inyectó en un brazo, ignoro con qué, pero
los detenidos cayeron todos muertos de inmediato, relató el ex agente de Barriga,
E.V.T., en una de sus declaraciones judiciales de 2003.
LLEGA EL PUMA
Barriga se comunicó por radio y pidió el helicóptero Puma del Comando de Aviación
del Ejército (CAE), unidad advertida de la operación. El comandante del CAE era entonces
el coronel Carlos Mardones Díaz. La máquina demoró poco en llegar y se posó a un par
de kilómetros de distancia. Barriga ordenó a sus agentes desnudar los cuerpos de los
detenidos y juntar sus ropas para quemarlas ahí mismo.
Luego el capitán Barriga nos ordenó que de inmediato metiéramos los cuerpos en
unos sacos, pero previamente tuvimos que amarrarles un trozo de riel a cada uno, y
después meterlos en los sacos que cerramos con alambre, declaró E.V.T.
Los rieles los proveyó el cabo de Ejército Manuel Leyton Robles, que integraba una de
las agrupaciones de la brigada Purén. Leyton -quien en 1977 tuvo una sospechosa muerte en
una clínica de la DINA- estaba también en el lugar. Preparados los sacos, el capitán
Barriga instruyó por radio que el Puma se acercara. Pero en ese instante Barriga se
percató de que uno de los sacos se movía y ordenó a su gente abrirlo. Era el cuerpo de
una mujer que no había muerto, o no quedó suficientemente adormecida. Era la militante
comunista Marta Ugarte Román.
La inyección que el doctor Pincetti le puso a Marta Ugarte parece que no la
dejó totalmente muerta o adormecida. Nos percatamos que, al momento de ensacarla,
todavía se seguía moviendo, relató el ex agente E.V.T., en otra de sus
declaraciones judiciales. La orden que se cumplió a continuación fue terrible.
Todos estábamos ahora apurados porque el helicóptero venía. Entonces abrimos el
saco y la ahorcamos con un alambre. No se movió más, Después amarramos nuevamente el
saco con el mismo alambre, agregó E.V.T. al tribunal.
 Ex agentes de la DINA acusan a Germán Barriga de dirigir los asesinatos y
desapariciones cometidas en Peldehue. |
El Puma llegó y Barriga ordenó subir los cuerpos a bordo. E.V.T., el cabo Leyton y un
par de agentes ayudaron a cargar los cuerpos. Como me quedé en el portón cuidando
la entrada, llegó el cabo Leyton y me dijo que por orden del capitán Barriga lo
acompañara, porque teníamos que subirnos al helicóptero, declaró otro de los ex
agentes de Barriga, E.F.P. en 2003. Creo que a bordo del helicóptero había ocho a
diez sacos paperos amarrados, continuó E.F.P. en su relato judicial.
Cargados los bultos, el piloto intercambió una seña con Barriga y la máquina partió
rumbo a la costa de la Quinta Región. Luego de que el helicóptero llevaba unos
diez minutos mar adentro, el piloto empezó a girar en redondo como viendo que no había
ningún barco o embarcación a la vista. De repente bajó el dedo pulgar, y ésa fue la
seña para que empezáramos a tirar los cuerpos al mar por la escotilla del medio del
helicóptero, afirmó E.V.T.
Otro de los ex agentes de Don Jaime que también participó en este operativo de
exterminio, C.H.A., dijo a algunos jueces en el año 2003: Hablando sobre cómo se
ejecutaba a los detenidos, recuerdo que en 1976 el capitán Germán Barriga me avisó una
tarde que debía presentarme a las ocho de la mañana del día siguiente. Esa mañana nos
ordenó dirigirnos al sector de Peldehue. Integrantes de mi agrupación fueron quienes
cargaron los cuerpos a bordo del helicóptero. Se refería a una de las agrupaciones
bajo el mando de la brigada Purén.
Cumplida la misión, el capitán Barriga premió ese día a sus agentes con la tarde
libre.
FRENTE A FRENTE
Pero el saco de Marta Ugarte quedó mal amarrado y ya en el mar se soltó de su
atadura. Su cuerpo se deshizo a la vez del pedazo de riel que lo sumergía, para emerger
el 9 de septiembre de 1976 en la playa La Ballena, cercana a Los Molles. Se convirtió en
la única prueba corporal de ésta y todas las operaciones de la DINA, para hacer
desaparecer prisioneros mediante este método. Entre 1973 y 1977, en la Región
Metropolitana la DINA hizo desaparecer 588 personas, de acuerdo a cifras oficiales. De
ellos, la gran mayoría fueron arrojados al mar, según confesaron a los efectivos del
actual Departamento de Asuntos Internos y Derechos Humanos de Investigaciones y, luego, al
juez Juan Guzmán, suboficiales de Ejército (R) y ex mecánicos del CAE encargados de
tripular los helicópteros que sirvieron de transporte para este fin.
Conocida la noticia de la aparición del cuerpo de Marta Ugarte, el capitán Barriga
reunió en Villa Grimaldi a sus agentes y los reprendió duramente.
No señor, yo no participé en esos hechos, este señor me está confundiendo con
alguien, afirmó Barriga el 2 de mayo de 2003 a un juez que lo careó con E.V.T.
Yo no lo confundo a usted con nadie, señor, y las órdenes me las dio usted, el
capitán Barriga, que está aquí presente. Usted era mi jefe, contestó E.V.T.
Yo mantengo mi posición, y quiero decir que esto es para mí una doble condena.
Perpetua por parte de la justicia de mi país y de muerte por parte del Partido Comunista
que me culpa de estos hechos, replicó Barriga en el careo. Pero quienes esta vez lo
acusaban no eran los miembros del PC. Eran sus mismos subordinados en la DINA.
Me he atrevido a contar todo esto, lo que vi realmente, pero tengo mucho miedo a
las represalias contra mí y mi familia, de parte del Ejército. Cuando me fui de la DINA,
fui obligado a firmar un papel donde se decía que quedaba estrictamente prohibido contar
nada de la verdad que ocurrió. Tengo mucho miedo a la venganza señoría,
confidenció el ex agente E.V.T.
OTROS EPISODIOS
En los últimos años, estos ex agentes de Barriga declararon en distintos tribunales
de Santiago, por diferentes causas de detenidos desaparecidos. Pero E.T.V. fue el primero
en abrir la puerta a los efectivos del ex Departamento Quinto -hoy departamento especial
para Asuntos Internos y Derechos Humanos con asiento en el cuartel de calle Independencia,
para comenzar a desenredar la madeja de cómo la DINA hizo desaparecer a los prisioneros
en la Región Metropolitana. Los ex mecánicos del CAE hablaron después. Pero los
oficiales (R) que pilotaron los Puma todavía niegan todo, aunque están identificados y
algunos procesados por el juez Guzmán.
Por ello LND no entrega los nombres de estos ex agentes, todos suboficiales retirados,
y sólo publica algunas iniciales de su identidad. Ellos tuvieron la valentía de acusar
ante la policía civil y los jueces al entonces capitán Barriga, a riesgo de sus vidas.
Los ex agentes sostienen que éste no fue el único episodio comandado por Barriga,
mediante el cual se exterminó detenidos. Yo participé al menos dos veces, pero lo
más probable es que esto se haya repetido en otras oportunidades, dijo E.V.T. No se
conoce con certeza la identidad de las otras víctimas del episodio relatado, aunque se
suponen. Antes de suicidarse el pasado 17 de enero, Barriga estaba procesado, entre otros
varios juicios, en la causa de calle Conferencia por el secuestro y desaparición de la
dirección clandestina del PC en 1976. Todos los ex agentes mencionados en esta crónica
que participaron en estos secuestros lo acusaron ante los jueces de comandar esas
detenciones como jefe de la brigada Purén. Entre las víctimas, está el esposo de la
presidenta del PC Gladys Marín, Jorge Muñoz, y el padre de la dirigenta de la AFDD,
Viviana Díaz, Víctor Díaz López.
De acuerdo a datos de los ex mecánicos del CAE, durante la existencia de la DINA en la
Región Metropolitana, al menos 400 cuerpos fueron lanzados al mar desde helicópteros.
LA TORTURA DE EXEQUIEL
Emilio Iribarren Lederman, militante del MIR, fue detenido el 4 de enero de 1975 por la
DINA. Tras permanecer un tiempo prisionero en Villa Grimaldi, Joel, su chapa, se
convirtió en colaborador de la DINA. En ese recinto tuvo regalías, aunque también
sufrió. Pero fue un testigo. Hoy vive en Nueva York. Un día de mediados de 1975 observó
algo que nunca olvidó.
Un hombre que fue largamente torturado durante un período de 24 ó 48 horas. Fue
colgado con una soga que le amarraba las manos por detrás. La soga pasaba por encima de
una viga. Unos agentes tiraban de la cuerda hacia una polea, levantando a este detenido.
Simultáneamente lo apaleaban. El prisionero estaba desnudo y le mojaban constantemente el
cuerpo para aumentar el efecto de la electricidad. Al hombre lo subían y lo bajaban. Le
dieron hasta la madrugada. Gritaba. Cada vez que miré, pude ver a Germán Barriga
dirigiendo personalmente la tortura. Al viejo Exequiel Ponce lo torturaron
brutalmente. Fue parte de su extensa declaración prestada en Nueva York, entre los
días 5 y 12 de noviembre de 2003 a funcionarios del entonces Departamento Quinto.
Joel había sido ese día testigo presencial de cómo Don Jaime comandó la tortura del
dirigente del Partido Socialista, miembro de su comisión política y obrero portuario,
Exequiel Ponce Vicencio. Éste fue detenido el 25 de junio de 1975 en Santiago junto a su
enlace, Mireya Rodríguez Díaz. Ambos están desaparecidos.
Iribarren relató también cómo Mireya Rodríguez, que según él estaba
embarazada de siete meses, había sido torturada salvajemente y decidió suicidarse
cortándose las venas. El ex colaborador sostiene que se salvó porque la llevaron a
una clínica de la DINA, donde aparentemente habría perdido el bebé, pero salvado
su vida.
Pero Iribarren fue también una víctima de Don Jaime. Cuenta que en una fecha
indeterminada me llevaron en Villa Grimaldi ante la presencia de Germán Barriga. Barriga
estaba rodeado de su gente. Me hizo preguntas y, de improviso, me ordenó levantarme la
venda de los ojos. No obedecí y lo hizo uno de sus agentes. Me rociaron la cara, los ojos
y la boca con un líquido que me provocó gran dolor. Corrí a un grifo. Ellos esperaban
que el líquido me provocara un desmayo, lo que no ocurrió. Al mojar mi rostro, el
líquido ardió más. Barriga comentó decepcionado que el material no servía para nada.
No sé qué sustancia estaba probando en mí.
DOS ANCIANOS
La ex agente C.R.D., igualmente subordinada de Don Jaime, tiene otros recuerdos de sus
métodos y también lo acusó en tribunales. Declarando el 4 de febrero de 2004,
judicialmente dijo que entre fines de 1975 e inicios de 1976, el capitán Germán
Barriga me instruyó acompañar a dos carabineros, uno era Julián Reyes, para detener a
dos personas a medianoche en una casa de Avenida La Palmilla, en Conchalí. Era un
matrimonio de edad avanzada que estaba con un niño de unos 12 años. Los llevamos a Villa
Grimaldi a los tres, donde nos esperaba Barriga. Al día siguiente, el capitán Barriga me
mandó llamar a un sector del cuartel. Vi que los ancianos estaban tendidos en el piso,
pero curiosamente no estaba el menor. En ese momento, llegó una ambulancia descendiendo
un paramédico de la DINA. Éste sacó una jeringa e inyectó a la vena a los dos
ancianos, causándoles la muerte casi instantánea.
El ex segundo hombre de la DINA, Pedro Espinoza, recuerda que Barriga llegó muy alto
en la DINA. Declarando judicialmente el 2 de junio de 2003 afirmó: Al entonces
capitán Barriga en 1976, en determinadas oportunidades le correspondió el puesto de
agente Director de Operaciones en el cuartel general DINA.
Informaciones de prensa manifestaron después de su suicidio que, de acuerdo a fuentes
del Ejército, Barriga habría entregado información al Ejército sobre prisioneros
lanzados al mar, lo que ayudó a que las Fuerzas Armadas elaboraran su informe de enero de
2001, producto de la Mesa de Diálogo de Derechos Humanos. En aquel informe de 180 casos,
151 aparecen arrojados a las aguas. De estos últimos, sólo existen en la lista 23 casos
atribuidos a la DINA. La presunta información entregada por Barriga al Ejército, en todo
caso jamás llegó a ningún juez. Pese a ello, Barriga nunca entregó a un magistrado un
dato útil sobre el destino de los desaparecidos y siempre negó todo. Salvo antecedentes
obvios e irrelevantes, como lo demuestran los expedientes.
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