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La donna ¿é mobile? “Estamos en presencia
de una Presidenta que escucha”. Así explicó hoy (martes) en el
Mercurio el canciller Alejandro Foxley la decisión de Michelle Bachelet
de elegir la abstención y decir NO a la aspiración de Venezuela al
sillón vacante de Argentina en el Consejo de Seguridad, tras un
acalorado debate interno muy poco usual.
Pareciera que la Democracia Cristiana de Gutenberg Martínez y Soledad
Alvear se apoderaron de la facultad presidencial de dirigir la política
exterior del gobierno, actuando en un escenario un tanto histérico
fabricado transversalmente por la derecha que pertenece a la oposición
y la que se anida dentro del gobierno, más la prensa que exhibió el
mismo signo ideológico frente a esta cuestión, salvo la imparcialidad
del diario electrónico El Mostrador.
La decisión presidencial, adoptada en una reunión de gabinete el
domingo, argumentó la ausencia de consenso en América Latina.
Previendo que Guatemala ni Venezuela reunirían suficientes preferencias,
para no “perder su voto” Chile se refugió en la cómoda y poco ética
abstención, que marca cierto continuismo en la indefinición de una política
exterior coherente, en particular hacia América del Sur. Las votaciones
desalentadoras para Venezuela en Nueva York fortalecieron alegatos en
favor de la “sabiduría” de la postura abstencionista de Bachelet,
aunque en los hechos desmereció su rol conductor real de la política
exterior.
La decisión fue comunicada al público alrededor de las 21 horas del
domingo, pero antes la propia Presidenta se lo informó de manera
personal a la presidenta de la Democracia Cristiana. “Antes de que el
ministro secretario general de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, anunciara
la noche del domingo que Chile decidió abstenerse en la elección de un
miembro no permanente de origen latinoamericano en el Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas, la Presidenta de la República, Michelle
Bachelet, llamó por vía telefónica a la jefa de la Democracia
Cristiana (DC), Soledad Alvear, para explicarle los motivos por los
cuales tomó dicha resolución”, explicó hoy (martes) El Mostrador
(1).
El Mercurio reseñó que la dirección de la DC celebró la decisión el
lunes. “De hecho, la mayoría de los cálculos que se sacaron
resultaron con un saldo más que positivo, ya que se cumplió gran parte
de los objetivos trazados al hacer público el rechazo a Venezuela”,
indicó El Mercurio. “Uno de estos es el tomar un lugar de privilegio
en el conglomerado, marcando diferencia con el ala izquierdista”, añadió
el diario.
El “antes y el después”
'La Presidenta ha tomado la decisión pensando en Chile; en materia de
política exterior no caben las presiones, no caben los antes ni los
después”, dijo el comunicado que leyó el hijo del ex presidente
Ricardo Lagos. “Sólo caben los intereses permanentes de la nación”,
añadió, aunque sin especificar cuáles son esos intereses permanentes.
La referencia a “los antes ni los después” alude una amenaza de
ruptura de la DC local con la gobernante socialista “después” de un
eventual voto por Venezuela. El chantaje fue formulado por el presidente
de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), Gutenberg
Martínez, quien no tiene cargos relevantes en el partido… pero es el
marido de su presidenta, la senadora y ex canciller Soledad Alvear,
quien también aspira a ser la próxima presidenta de Chile. Martínez y
Alvear jugaron abiertamente a socavar la gobernabilidad de su aliada
amenazando con la inestabilidad.
Pareciera que en el ánimo presidencial pesaron más las presiones DC,
sin dejar de lado a EEUU. Sin una política exterior coherente, Chile
ahora podrá ratificar el tratado del Tribunal Penal Internacional (TPI)
sin el riesgo de mayores represalias económicas estadounidenses,
probablemente se someta a los tratados bilaterales BIA que otorgan
inmunidad local y en la jurisdicción del TPI a las tropas
estadounidenses y, a la vez, seguir mostrando al mundo la pretendida
cara democrática de un sociedad neoliberal ejemplar.
Entretanto, Martínez, la ODCA y la DC están manejando de hecho la política
exterior de Chile, no sólo por la presencia del canciller Foxley. El más
alto cargo de un socialista en la Cancillería corresponde a Carlos
Portales Cifuentes, director general de Política Exterior, quien está
por debajo del subsecretario Alberto Van Klaveren, cercano al PPD.
Según la reseña de El Mercurio de la celebración DC, “pese a que en
un comienzo se vio con temor el efecto que pudieron traer las
declaraciones de Gutenberg Martínez de que habría un antes y un después
en la relación con la DC también fueron aplaudidas en el partido,
sobre todo luego que fueran incluidas en el comunicado que informó
sobre la postura de Chile”.
La DC, la ODCA y Gutenberg Martínez detestan al presidente Hugo Chávez.
Participaron en el fugaz golpe de estado perpetrado en Venezuela el 11
de abril de 2002 con el respaldo de EEUU y la España de José María
Aznar, que recibió de inmediato el apoyo de la Canciller Soledad Alvear,
por consiguiente del gobierno de Ricardo Lagos. Sin embargo, el
columnista de El Mostrador Esteban Silva Cuadra recordó, bajo el título
“¿Ortega si, Chávez no?”, que hace cinco años la ODCA y Martínez
apoyaron al ex presidente Daniel Ortega de Nicaragua cuando éste fue
candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) a la
Presidencia de Nicaragua (2).
La explicación respondería a alianzas políticas electorales. Ortega
hoy es de nuevo candidato del sandinismo y valora públicamente la política
de la Republica Bolivariana de Venezuela, bajo el liderazgo del
Presidente Hugo Chávez, en el proceso de integración latinoamericano y
en la construcción de un bloque autónomo para contribuir a un sistema
de relaciones internacionales multipolar y un comercio mundial más
justo, indicó el columnista.
Pero hace cinco años suscribió 'un acuerdo electoral entre sandinistas
y socialcristianos, los que llevaban a Agustín Jarquín, como candidato
a la Vicepresidencia de la República en la fórmula del ex Presidente
Ortega', explicó Silva Cuadra. Hace un lustro, la ODCA de Gutenberg
Martínez aportó especialistas en campañas electorales, asesores y una
importante cantidad de recursos para que Daniel Ortega fuese electo
presidente de Nicaragua.
Martínez fue responsabilizado del “CarmenGate”, un fraude acaecido
en la elección interna DC que en 1989 definió la candidatura de
Patricio Aylwin como reemplazante de Pinochet en detrimento de Gabriel
Valdés Subercaseaux, cuyos electores se perdieron.
El jefe de la ODCA también sabe desestabilizar e incluso organizar
golpes de estado. El apoyo de la ODCA al golpe en Venezuela no fue sólo
ideológico. Martínez se trasladó a Caracas dos semanas antes para
reunirse con los líderes demócrata cristianos venezolanos, encabezados
por Eduardo Fernández y otros próceres locales. Se decidió que el
entonces vicepresidente de la ODCA José Rodríguez Iturbe se
convirtiera en el ministro de Relaciones Exteriores del efímero
gobierno de Pedro Carmona Stanga.
Según fuentes venezolanas, el cónyuge de la entonces canciller Alvear
fue portador de la buena disposición del gobierno de Lagos para ayudar
en todo lo que estuviese a su alcance (3). Tal ayuda llegó al día
siguiente del golpe en una declaración oficial de la cancillería
chilena reconociendo al 'nuevo gobierno' y culpando a Chávez. Por añadidura,
el binomio Martínez-Alvear también sabe mentir: “Ante los hechos
ocurridos en las últimas horas en Venezuela, el Gobierno de Chile
lamenta que la conducción del Gobierno venezolano haya llevado a la
alteración de la institucionalidad democrática con un alto costo de
vidas humanas y de heridos, violentando la Carta Democrática
Interamericana a través de esta crisis de gobernabilidad”, señaló
el documento oficial chileno (4).
Ganaron El Mercurio y la derecha
Para el triunfante El Mercurio, 'Tras meses de debate interno y con un
ambiente político enrarecido en la Concertación por los apoyos o
rechazos a la candidatura de Venezuela, la Mandataria hizo un gesto en
pos de la unidad de la coalición'. Esa misma lectura de privilegiar la
unidad de la alianza de gobierno la entregaron hasta los amigos más
duros de Venezuela, como el presidente del partido Socialista, senador
Camilo Escalona, quien expresó desazón al mismo diario pero valoró
que la Presidenta haya actuado 'buscando sortear la aguda polarización
que se generó, evitando que esta decisión se transformara en un tema
de política interior que abriera divisiones en el seno de los chilenos'.
“Los socialistas formamos parte de este gobierno, queremos a la
Concertación más que a nada, consideramos que la unidad del bloque es
básica para el futuro del gobierno y la estabilidad democrática de
Chile y porque el PS entiende que gobernar no solamente significa pensar
en nuestros opiniones sino que en las de todo el país; es por esa misma
razón que valoro la decisión de la Presidenta”, explicó Escalona
según El Mostrador.
La victoriosa Alvear señaló que lo importante es que la Mandataria tomó
una determinación teniendo en cuenta los intereses superiores de Chile,
acotó El Mercurio. Aparentemente, todos quedaron felices. El senador
socialista Alejandro Navarro Brain, partidario abierto de Venezuela,
apoyó la determinación de Bachelet aunque reconoció que 'no vamos a
dormir esta noche con una amplia sonrisa y hay un sabor amargo por la
pasión que uno emprende', según El Mercurio.
Navarro dijo que 'las presiones y el lobby' en torno al tema demuestran
que 'claramente los mecanismos para solucionar las disputas internas no
están maduros' en la alianza de gobierno, evidentemente carente de una
política exterior coherente para la región latinoamericana”. El
joven diputado socialista Marco Enríquez Ominami criticó ácidamente
la ausencia de una política exterior coherente del gobierno del que
forma parte en El Termómetro de Chilevisión.
El senador PS Jaime Naranjo, luchador por los derechos humanos pero a la
vez exponente de la derecha socialista -apoyó el TLC con EEUU y en
general sigue la corriente pro estadounidense- opinó que 'cualquier
otra opción iba a provocar más división en el país y al interior de
la Concertación'. El presidente del PPD, Sergio Bitar, respaldó la
determinación e insistió en que 'no había que hacerle olitas a la
Presidenta'.
Política exterior desprovista de principios
Aunque el voto es secreto, la información recabada en la sede de la ONU
en Nueva York por el embajador socialista Heraldo Muñoz y proporcionada
a medios como El Mercurio durante la noche del domingo, asegura que 20
países de la región apoyan a Venezuela: Argentina, Brasil, Bolivia,
Uruguay, Paraguay, Cuba, Antigua y Barbudas, Bahamas, Barbados, Belice,
Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, Monserrat, Saint Kitts and Nevis,
Santa Lucía, San Vicente y las Granadadinas, Suriname y la propia
Venezuela.
Guatemala tiene 11 votos latinoamericanos, incluido el suyo, con el
apoyo de Estados Unidos, Colombia, Panamá, Costa Rica, El Salvador,
Honduras, México, Canadá, República Dominicana Nicaragua, y
Guatemala. Hay dos países que todavía no se han definido, Ecuador y
Haití. Y tres que se abstendrían, Chile, Ecuador y… Perú, que
pertenece al Consejo de Seguridad sin haberlo hecho notar.
La decisión de Bachelet ratifica una política exterior marcada por el
oportunismo y la indefinición. En la percepción gubernamental, quizás
esta postura parezca menos indecorosa para el prestigio internacional
que Chile cree poseer. El país salva las apariencias como furgón de
cola de EEUU, pero sin mostrarse tan incondicional bajo la máscara del
“consenso”, aunque este consenso no se dio cuando Venezuela respaldó
al chileno José Miguel Insulza en su postulación a la OEA contra el
deseo de Washington, que apoyaba al mexicano Ernesto Derbez.
Más o menos esa misma filosofía inspiró la votación de Chile en el
Consejo de Seguridad, en vísperas de la invasión de Iraq. En rigor,
Chile apoyó una propuesta británica de más plazo a una última
inspección en busca de las míticas armas de destrucción masiva. Al
final, la acción militar de EEUU fue efectuada violando la legalidad de
Naciones Unidas, pero los medios y el gobierno de la época presentaron
esa modesta postura como un desafío a EEUU que nunca existió en el ánimo
chileno. Al contrario, siempre hubo un voto de “consenso” a favor de
un castigo a Iraq. El paso de Chile como miembro no permanente del
Consejo de Seguridad no tuvo pena ni gloria, igual al rol que hoy ejerce
Perú, que es miembro en ejercicio del selecto club aunque pocos se
hayan percatado.
La política exterior de “consenso” de Chile no es más que un
reflejo del “consenso” que marca la política interna a nivel del
Parlamento, que mantiene fuera de sus dos cámaras a la opinión política
de izquierda, tal como lo diseñó el aparataje jurídico ideado por la
dictadura militar antes de ser tirada al tacho de la basura histórica
por los mismos poderes que la instalaron sangrientamente, EEUU más la
derecha política y económica chilena, incluida la Democracia Cristiana
de Soledad Alvear y Gutenberg Martínez. En los años 60 estos consensos se
llamaban “colaboración de clases”.
La política elusiva es una vieja costumbre local para no quedar mal con
Dios ni con el Diablo. Viene de lejos, más o menos desde que Chile se
abstuvo en la votación de Naciones Unidas respecto a la partición de
Palestina en 1947. La definición de Bachelet hace brotar comentarios
como “Por sus hechos los conoceréis, dijo el Señor”, “Mostró la
hilacha”, “Se le aconcharon los meaos”, “El pago de Chile”,
“Muestra luz de viraje a la izquierda pero en definitiva tuerce a la
derecha, no por distracción”, etc. Pero en Chile no hay donde
expresar estas ideas anti “consenso”, que son bastante suaves y que
brotaron en muchas cabezas al conocerse la decisión presidencial cerca
de la medianoche del domingo, simplemente porque en este país no hay
libertad de expresión ni medios de comunicación dónde expresarlas.
Futuro incierto para la Comunidad Sudamericana de
Naciones
Con esta definición clave de su política exterior, la mandataria
parece darle la espalda a la América del Sur, que apoyó a Venezuela
excepto Colombia, Perú, y Ecuador. También traicionó el apoyo
brindado por Venezuela a José Miguel Insulza para alcanzar la secretaría
general de la OEA. Rompió, además, la tradición de Estado de
coincidencia con el país caribeño en la lid internacional -sea cual
fuere su gobierno- e hizo suya la satanización que metió en un mismo
saco a-histórico a la trinidad nación Venezuela, su pueblo y gobierno
de Hugo Chávez. En definitiva, cedió de frente a las presiones y
amenazas de EEUU, de la ODCA de Gutenberg Martínez y la DC de su esposa
Soledad Alvear y de toda la derecha criolla, la de los partidos de
oposición y “la otra derecha”, enquistada en los partidos de la
Concertación.
La derecha chilena no es solamente la llamada Alianza por Chile de la
pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI) y y la deslavada
Renovación Nacional (RN) del empresario Sebastián Piñera, ex
simpatizante DC e hijo de un fundador de esa colectividad. La derecha
real hoy está consolidada en un amplio espectro de pensamiento
reaccionario que une a la clase política representada en el parlamento,
más allá de las bancadas de “gobierno” u “oposición”, salvo
honrosas excepciones. Esa clase dirigente expresada en un “bipartidismo”,
pero de dos bloques no de dos partidos como en EEUU, excluye del
Parlamento al pensamiento disidente como el de los comunistas y otros
grupos de izquierda, por efecto de las leyes fundamentales heredadas de
Pinochet que establecieron el sistema binominal de elecciones.
Aunque toda la normativa constitucional chilena carece de validez por
haber sido impuestas a la fuerza por una dictadura sangrienta que en
1973 destruyó la República, disolvió el Congreso, derogó la
Constitución de 1925, proscribió a todos los partidos políticos -DC
incluida, a pesar de su apoyo inicial al golpe- y en 1980 improvisó una
nueva constitución entre las cuatro paredes de una habitación de
palacio. Pero los gobiernos de la Concertación han estado legitimando -durante
16 años de gobierno “de transición a la democracia”- toda esa
superestructura jurídica por la vía de reformar sucesivamente la carta
fundamental y las principales leyes de amarre político de la democracia
restringida legada por Pinochet, una democracia de libre mercado tan
incoherente como la política exterior. Todos esos cuerpos legales son
hoy las sagradas escrituras que disfrazan al modelo chileno de sociedad
neoconservadora gobernada por socialistas que sufrieron prisión y
tortura.
La clase política ofrece una visión mediática dispersa y, en
apariencia, enfrentada en “oposición” versus “gobierno”, o una
dicotomía semántica falsa, y todavía más confundidora, de “derecha
e izquierda”, explotada por medios como El Mercurio, por lo demás,
los únicos que realmente existen. Pero en rigor se trata de un solo
pensamiento reaccionario homogéneo, casi monolítico, encubierto por
una falsa retórica.
Por ejemplo, convirtieron a los derechos humanos atropellados por
Pinochet en una cáscara, que de suyo es imposible de romper, pero sin
meterse con su contenido, el moderado proyecto de reformas sociales y de
ampliación de la responsabilidad social del Estado levantado por el
gobierno constitucional de Salvador Allende, contenidos de los que ya
renegaron públicamente unos cuantos socialistas prominentes
arrepentidos de su pasado “extremista”. Allende fue sacado del
closet por los socialistas apenas en 2003, a los 30 años de su muerte,
pero hasta ahora pocos han rescatado su programa de gobierno, porque así
lo determina el “consenso”: la experiencia allendista fue un
desastre y punto y lo que ocurrió en sus 1.000 días de gobierno no se
debate seriamente jamás.
Si hoy no gobierna formalmente todo el conjunto de un pensamiento
“pinochetista sin Pinochet”, en los hechos por lo menos co-gobierna.
E incluye a la derecha propiamente tal -la UDI y RN-, más las derechas
mayoritarias anidadas en el seno de los partidos gobernantes de la
Concertación, Demócrata Cristiano, Radical, PPD y sectores socialistas
personificados por Isabel Allende y el senador Naranjo, entre otras
figuras.
Lo más probable es que en tres años más aparezca una nueva coalición
DC-RN, ante la carencia de liderazgo en el partido de Soledad Alvear.
Gutenberg Martínez ya tiene en su poder el registro de la marca Partido
Popular, igual al de la tienda del populista cristiano-franquista José
María Aznar, que en Chile hubiera querido poseerlo la UDI. El líder
derechista hispano de la Unión Mundial Demócrata Cristiana viajó a
Chile a recibir honores del Opus Dei y a hacer lobby contra Venezuela y
Evo Morales, con el respaldo compartido de sus anfitriones y hermanos
locales, la UDI y la DC, de cuyas universidades recibió dudosos
doctorados honoris causa.
Para no aparecer desde el comienzo tan proclive a EEUU, Bachelet optó
por el silencio y el suspenso durante varios meses. El trabajo sucio lo
hizo el canciller Alejandro Foxley, que fue coherentemente anti
Venezuela. La Presidenta jugó al oportunismo al postergar dar a conocer
una decisión probablemente adoptada mucho tiempo atrás, pero haciendo
pestañeos de “luz de viraje a la izquierda”, dando indicios de que
podría optar por Venezuela y reiterando varias veces que el manejo de
las relaciones exteriores era de su exclusiva competencia como jefa del
Estado.
Anunciando antes que decidiría “lo mejor para Chile”, matizó el
clima con expresiones bravuconas que daban pábulo para pensar lo
contrario de lo que hizo, como decir “no acepto presiones” desde
escenarios significativos, como una visita al campo de concentración y
exterminio de Villa Grimaldi, construido por una dictadura militar
impuesta por EEUU y donde ella misma fue una cautiva más. Dijo que la
decisión la tomaría sola, pero no fue así.
Esta definición clave de su política exterior significa también una
partida de defunción adelantada para la naciente Comunidad Sudamericana
de Naciones que formularan Ricardo Lagos y Evo Morales, cuya primera
reunión cumbre de jefes de Estado se realizará en Santiago el 8 y 9 de
diciembre, después de una reunión de cancilleres prevista para
noviembre. Chile, por otra parte, no tiene nada que hacer en el bloque
de países No Alineados (con EEUU). Lamentablemente, a riesgo de emitir
un juicio de género, las mujeres no han dejado una herencia digna de
recordarse como jefas de Estado en América Latina, salvo la honrosa
excepción de la boliviana Lidia Gueiler, depuesta el 17 de julio de
1980 por los narco militares Luis García Meza y Luis Arce Gómez
Notas:
1) http://www.elmostrador.cl/modulos/noticias/constructor/noticia_new.asp?id_
noticia=200297&estHomepage=Titulo1
2) http://www.elmostrador.cl/modulos/noticias/constructor/detalle_noticia.asp?id_
noticia=200223
3) http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=26044
4) http://www.minrel.gov.cl/webMinRel/home.do?sitio=1
* Ernesto Carmona es periodista y escritor
chileno. |